Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Quise aspirar al cáliz de tu sangre,
pero me traicionaron mis principios
-o me hicieron poema para facilitar mi angustia-,
mientras me repetía entre dossiers
que jamás supusieron amenaza
para tu expedientado conformismo
-evidencia moral que se atraganta-
que algún cercano día sin espejos
tronaría mi tez en tu memoria
-la piel que reconoce sus lagunas-,
con un intempestivo oportunismo,
sin mensaje
-así fue tu manera de quererme-.
Quise aspirar al trono celestial,
pero las entelequias me arrasaron
-sólo tengo este pálpito sin púlpito-
hasta hacer de mi mente su recuerdo
-eso que fue inculcado en el aula, entre dientes-,
del juego un desafío a la razón,
del niño un inocente insulto,inculto, indulto
-laberintos y algún que otro cielo cerrado-,
de la duda un incierto devenir de la verdad.
Quise aspirar a todo
-los fuegos de artificio, en el infierno.
Mis ojos, censurados por la patología del ensayo-
, hasta que conquisté el vacío
-esa sensación postrada ante el verdugo-,
tras un pacto de fe con la justicia.
pero me traicionaron mis principios
-o me hicieron poema para facilitar mi angustia-,
mientras me repetía entre dossiers
que jamás supusieron amenaza
para tu expedientado conformismo
-evidencia moral que se atraganta-
que algún cercano día sin espejos
tronaría mi tez en tu memoria
-la piel que reconoce sus lagunas-,
con un intempestivo oportunismo,
sin mensaje
-así fue tu manera de quererme-.
Quise aspirar al trono celestial,
pero las entelequias me arrasaron
-sólo tengo este pálpito sin púlpito-
hasta hacer de mi mente su recuerdo
-eso que fue inculcado en el aula, entre dientes-,
del juego un desafío a la razón,
del niño un inocente insulto,inculto, indulto
-laberintos y algún que otro cielo cerrado-,
de la duda un incierto devenir de la verdad.
Quise aspirar a todo
-los fuegos de artificio, en el infierno.
Mis ojos, censurados por la patología del ensayo-
, hasta que conquisté el vacío
-esa sensación postrada ante el verdugo-,
tras un pacto de fe con la justicia.