Isabel Miranda de Robles
Poeta que considera el portal su segunda casa
SIN MUSA Y SIN AUTOR
Siempre a la intemperie voy,
sosegando olvidos,
apacentando el dolor;
Siguiendo sombras ajenas
que reclaman otro sol…
Yo siento que, quizá,
quisieras decirme adiós
y no sabes cómo,
porque me quieres
Y temes
que me succione
el pantano de la vida.
A veces el cariño pesa
porque está hecho de buenas intenciones
que cargan los corazones nobles
como el tuyo
y el bien se les vuelve obligación.
Pero, pienso, que cuando fallece
la ilusión
hay que pintarle su cruz
en mitad del corazón
y no llorarles de más,
para que descanse en paz,
como a las almas buenas
que al morir,
se curan del dolor
Y agradeciendo la eternidad
se van.
De solo pensar
que no encuentras
cómo decirme adiós,
se me hace un nudo.
Si quieres decirlo;
Pero no sabes cómo,
yo te ayudo:
Son tan solo cinco letras
que una vez dichas,
liberan,
no a uno sino a dos;
a uno del compromiso
y al otro de la lástima
y la desazón.
Duele perder lo que se ama;
pero más duele saber
que quien te amó
te tiene compasión.
Si quieres no lo digas,
quizá con las señas
bastarme debiera;
pero por aquello
de que luego les da por decir
que uno exagera
o malinterpreta,
me he sacudido el pensamiento
de ideas sin razón,
Porque no hay mejor explicación
que la que no damos nosotros,
si no la que da el interlocutor
si lo dejamos hablar.
Verás que nunca
se te hubiese ocurrido inventar una mejor.
Cómo podría yo negarte
tu pasaje a la libertad
Si te pertenece.
Tu pasaporte esta sellado
con la palabra siempre
al cielo de la felicidad.
En la fotografía
de tu sonrisa,
ya No salgo yo.
No más revisiones
En las aduanas de tus tiempos.
Ni siquiera tengo que pedirte
que me olvides pronto:
Me has olvidado ya,
estoy acaso frente a ti
y tu mente,
quién sabe dónde estará.
Si esta fuera
otra de mis muertes,
no me veles,
no me leas,
cierra por siempre mis hojas,
si es posible,
recién escritas,
para que la fresca tinta
no alcance a orearse
y solo una mancha se vuelva
sin musa y sin autor.
ISABEL MIRANDA
Siempre a la intemperie voy,
sosegando olvidos,
apacentando el dolor;
Siguiendo sombras ajenas
que reclaman otro sol…
Yo siento que, quizá,
quisieras decirme adiós
y no sabes cómo,
porque me quieres
Y temes
que me succione
el pantano de la vida.
A veces el cariño pesa
porque está hecho de buenas intenciones
que cargan los corazones nobles
como el tuyo
y el bien se les vuelve obligación.
Pero, pienso, que cuando fallece
la ilusión
hay que pintarle su cruz
en mitad del corazón
y no llorarles de más,
para que descanse en paz,
como a las almas buenas
que al morir,
se curan del dolor
Y agradeciendo la eternidad
se van.
De solo pensar
que no encuentras
cómo decirme adiós,
se me hace un nudo.
Si quieres decirlo;
Pero no sabes cómo,
yo te ayudo:
Son tan solo cinco letras
que una vez dichas,
liberan,
no a uno sino a dos;
a uno del compromiso
y al otro de la lástima
y la desazón.
Duele perder lo que se ama;
pero más duele saber
que quien te amó
te tiene compasión.
Si quieres no lo digas,
quizá con las señas
bastarme debiera;
pero por aquello
de que luego les da por decir
que uno exagera
o malinterpreta,
me he sacudido el pensamiento
de ideas sin razón,
Porque no hay mejor explicación
que la que no damos nosotros,
si no la que da el interlocutor
si lo dejamos hablar.
Verás que nunca
se te hubiese ocurrido inventar una mejor.
Cómo podría yo negarte
tu pasaje a la libertad
Si te pertenece.
Tu pasaporte esta sellado
con la palabra siempre
al cielo de la felicidad.
En la fotografía
de tu sonrisa,
ya No salgo yo.
No más revisiones
En las aduanas de tus tiempos.
Ni siquiera tengo que pedirte
que me olvides pronto:
Me has olvidado ya,
estoy acaso frente a ti
y tu mente,
quién sabe dónde estará.
Si esta fuera
otra de mis muertes,
no me veles,
no me leas,
cierra por siempre mis hojas,
si es posible,
recién escritas,
para que la fresca tinta
no alcance a orearse
y solo una mancha se vuelva
sin musa y sin autor.
ISABEL MIRANDA
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