Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Mariposas ardientes en la sed del renuevo,
en esta primavera que te vio a través del delirio
-no elegí mi destino prolífico en señuelos-,
hasta talar las aguas del arroyo,
hasta arrastrar el limo hacia tu limbo
-el silencioso clímax de la putrefacción-,
donde el vertiginoso calor de la sazón te desempolva
-fruto del desencuentro entre la flor y la emboscada-,
como un vacío a tus huesos descarrila.
El existencialismo que poblaba tu incendio
se evapora -silencio hacia los cuatro vientos, bolsas de perfección-, se repliega sin réplica,
sin ira o frustración, sin acechanza,
por propia voluntad permanece en la incógnita
-matemático azar el que me quieras-.
Bajo su jerarquía no existen los favores
-batuta con bastión, mis días malgastados-,
sin saber lo que sientes te ha embriagado, sin rozar tu garganta
-ese beso es más sabio que tu imaginación-,
te ha besado sin nada y se ha llevado todo.
en esta primavera que te vio a través del delirio
-no elegí mi destino prolífico en señuelos-,
hasta talar las aguas del arroyo,
hasta arrastrar el limo hacia tu limbo
-el silencioso clímax de la putrefacción-,
donde el vertiginoso calor de la sazón te desempolva
-fruto del desencuentro entre la flor y la emboscada-,
como un vacío a tus huesos descarrila.
El existencialismo que poblaba tu incendio
se evapora -silencio hacia los cuatro vientos, bolsas de perfección-, se repliega sin réplica,
sin ira o frustración, sin acechanza,
por propia voluntad permanece en la incógnita
-matemático azar el que me quieras-.
Bajo su jerarquía no existen los favores
-batuta con bastión, mis días malgastados-,
sin saber lo que sientes te ha embriagado, sin rozar tu garganta
-ese beso es más sabio que tu imaginación-,
te ha besado sin nada y se ha llevado todo.