Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
se fue porque su hacer no era a mi lado
me miró y quiero suponer por no quedar sin ego
que me suspiró al momento de tronar con ansia
los dedos de sus manos y
dudó por diez segundos antes de inaugurar
la eterna lejanía entre mis pasos y su huella
el ahora todo
todo el hoy
todo el mañana crepitó en el fuego
de un adiós que ya una vez se había postergado
que ceguera
que inocencia Dios
que enamorado
partió porque la rosa de sus vientos
no marcaba mi norte a su lado
ni mi izquierda ni la diestra
no confío en la palabra ni le apeteció resolver
el misterio del crujido de mis huesos cuando le miraba
no le interesó escuchar la historia adelantada
de la cicatriz que en el pecho me nació ése día
ésa media tarde
ésa media luz
ésa media muerte
levó las velas con el viento de mi amor en busca
de otros puertos
creo que bien sabía que la profundidad exacta
del abismo de su ombligo no se llenaría jamás
con la borra de mis besos
ni su espalda lienzo con la cursi charlatanería
de mis versos
¿entonces para qué hacerse sino a mi lado?
¿para qué el tú y yo grafiteado en las paredes
con letras de esperanza? ¿para qué esperar que
añejos vientos le ajironaran las sedas de su barca?
su hacer no era amarme y
sí dejar que mi pluma diera fe con metáforas y
lánguidos suspiros su pasado entre mis brazos
entre emparentados versos de amor y
de dolor
que pudiendo ser el pan del día
hoy por nada se me desmigajan
que lo hiciera con el corazón a tinta suelta
con la sardónica pasión de la memoria
con sabor a vida
con fragmentos de mi alma
con el perfume aquel que le da al enamoramiento
la tremenda calidad de inocencia
con aroma amor
con aroma de violetas…
Due 12.5.10
me miró y quiero suponer por no quedar sin ego
que me suspiró al momento de tronar con ansia
los dedos de sus manos y
dudó por diez segundos antes de inaugurar
la eterna lejanía entre mis pasos y su huella
el ahora todo
todo el hoy
todo el mañana crepitó en el fuego
de un adiós que ya una vez se había postergado
que ceguera
que inocencia Dios
que enamorado
partió porque la rosa de sus vientos
no marcaba mi norte a su lado
ni mi izquierda ni la diestra
no confío en la palabra ni le apeteció resolver
el misterio del crujido de mis huesos cuando le miraba
no le interesó escuchar la historia adelantada
de la cicatriz que en el pecho me nació ése día
ésa media tarde
ésa media luz
ésa media muerte
levó las velas con el viento de mi amor en busca
de otros puertos
creo que bien sabía que la profundidad exacta
del abismo de su ombligo no se llenaría jamás
con la borra de mis besos
ni su espalda lienzo con la cursi charlatanería
de mis versos
¿entonces para qué hacerse sino a mi lado?
¿para qué el tú y yo grafiteado en las paredes
con letras de esperanza? ¿para qué esperar que
añejos vientos le ajironaran las sedas de su barca?
su hacer no era amarme y
sí dejar que mi pluma diera fe con metáforas y
lánguidos suspiros su pasado entre mis brazos
entre emparentados versos de amor y
de dolor
que pudiendo ser el pan del día
hoy por nada se me desmigajan
que lo hiciera con el corazón a tinta suelta
con la sardónica pasión de la memoria
con sabor a vida
con fragmentos de mi alma
con el perfume aquel que le da al enamoramiento
la tremenda calidad de inocencia
con aroma amor
con aroma de violetas…
Due 12.5.10
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