Cicatrices de querencias
no las sana el tiempo.
Las oculta muy adentro.
en algún lugar inmundo.
Taciturnos espíritus de inframundo,
compañeros fieles son,
de desvelos diurnos y nocturnos,
apuntillan en muda algarabía,
dentro de tu calavera, allá, en lo más profundo.
¡Que diera yo
por enmudecer mi mente,
a sus susurros inconscientes!
sin titubeos diera, hasta lo que no obtengo.