Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
En este único momento,
en este rechinar agónico del viento;
en este instante en que me se tan solo,
me aprisiona su conciencia
mientras cumplo en mi dolor una condena:
¡el laudo de su injusto corazón!
la brisa arrastra consigo los recuerdos,
polvo manso del tiempo que se extingue.
La delicadeza de una rosa
se asienta en mi memoria triste,
mientras el brillo postrero de una lágrima,
encona un punto luminoso,
en el lánguido rastro de lo que se fue...
En este silencio, tan límpido y trenzado,
los recuerdos evocan al fantasma del pasado.
La ensoñación desmerece trémula
ante la visión etérea de mi amor marchito.
Un hálito plateado rasga la tibia oscuridad del infinito,
y la paz vuelve a mi al retornar...
Ha caído el telón...estoy contigo.
en este rechinar agónico del viento;
en este instante en que me se tan solo,
me aprisiona su conciencia
mientras cumplo en mi dolor una condena:
¡el laudo de su injusto corazón!
la brisa arrastra consigo los recuerdos,
polvo manso del tiempo que se extingue.
La delicadeza de una rosa
se asienta en mi memoria triste,
mientras el brillo postrero de una lágrima,
encona un punto luminoso,
en el lánguido rastro de lo que se fue...
En este silencio, tan límpido y trenzado,
los recuerdos evocan al fantasma del pasado.
La ensoñación desmerece trémula
ante la visión etérea de mi amor marchito.
Un hálito plateado rasga la tibia oscuridad del infinito,
y la paz vuelve a mi al retornar...
Ha caído el telón...estoy contigo.