...y observe la belleza de tu piel desnuda entre la humedad ya tibia que desprendio tu ser y me llamaste con esa mireda, donde solamente la miel pregona lo claro y bello de su fulgor y me pediste que me quedara y posara a mi mejilla sobre tus pechos para despues alzar mi mirada hacia el cielo y mirando a las estrellas me dijiste que has alcanzado de ser ahora toda una gran mujer.