Sebastian Dusalgi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me encuentro arando
al tiempo entre sombras de mi nada,
ocultando mis lágrimas frente al cielo.
Soy un simple hombre
en el desmembrado mundo que dejó tu ausencia
aquella noche,
en que ansioso aguardaba tu regreso,
con la cena y la fogata lista,
con Mozart sonando la radio.
El viejo reloj me atormentaba.
Cuando la puerta se abrió
y tu figura se hizo presente, corrí a ti,
pero tus labios enfriaron mi frenesí,
tu rostro dibujaba cierta ausencia,
te pregunté que pasaba,
pero haciéndome un lado
te encaminaste a la habitación.
Me serví una copa
y me senté en el sofá,
pude presentirtus movimientos,
supe entonces que nuestra historia estaba terminando,
me incorporé y fui hacia la ventana.
Un taxi aguardaba sobre la avenida,
junto a el un hombre impaciente.
Una lágrima se deslizó saludando al vino,
la ventana dibujó tu reflejo,
sostenías una maleta.
de tu inminente partida
El dolorse incrustaba en mi costado.
Sin más dejé que te marcharas,
viendo como te alejabas
entre las luces de la ciudad,
desapareciendo para siempre.
Ahogué a mi soledad y mi llanto
entre las líneas que dejaste sobre la mesa
explicando tu adiós,
He vivido deseando tu regreso,
preparando cada noche el mismo escenario,
pero solo tu espejismo responde,
entonces acaricio la servilleta de tus besos
y me embriago con mi sombra gris.
Sebastian Dusalgi.
al tiempo entre sombras de mi nada,
ocultando mis lágrimas frente al cielo.
Soy un simple hombre
en el desmembrado mundo que dejó tu ausencia
aquella noche,
en que ansioso aguardaba tu regreso,
con la cena y la fogata lista,
con Mozart sonando la radio.
El viejo reloj me atormentaba.
Cuando la puerta se abrió
y tu figura se hizo presente, corrí a ti,
pero tus labios enfriaron mi frenesí,
tu rostro dibujaba cierta ausencia,
te pregunté que pasaba,
pero haciéndome un lado
te encaminaste a la habitación.
Me serví una copa
y me senté en el sofá,
pude presentirtus movimientos,
supe entonces que nuestra historia estaba terminando,
me incorporé y fui hacia la ventana.
Un taxi aguardaba sobre la avenida,
junto a el un hombre impaciente.
Una lágrima se deslizó saludando al vino,
la ventana dibujó tu reflejo,
sostenías una maleta.
de tu inminente partida
El dolorse incrustaba en mi costado.
Sin más dejé que te marcharas,
viendo como te alejabas
entre las luces de la ciudad,
desapareciendo para siempre.
Ahogué a mi soledad y mi llanto
entre las líneas que dejaste sobre la mesa
explicando tu adiós,
He vivido deseando tu regreso,
preparando cada noche el mismo escenario,
pero solo tu espejismo responde,
entonces acaricio la servilleta de tus besos
y me embriago con mi sombra gris.
Sebastian Dusalgi.
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