linda ivonne manjarrez
Poeta recién llegado
Era un día en primavera,
el universo se alió para poder encontrarnos.
mi corazón estaba tan acelerado,
pues había que por fin estaría entre tus brazos.
te vi a lo lejos siempre tan despistado,
respire profundo y alce mi mano para decir por aquí.
me levante tan de prisa y te abrace sin temor,
besamos nuestras mejillas y sonreímos como dos tontos.
perdimos el tiempo platicando debo decir
jamás nos soltamos las manos,
nuestras miradas eran como si el tiempo no hubiera pasado.
Entre risas tus labios llegaron a mi cuello,
susurraste a mi oído un te quiero,
y de la nada nuestros labios por fin se unieron.
Nuestro primer beso por fin había llegado,
como un cataclismo así de inesperado,
sentía el temblor de nuestros cuerpos
como niños inocentes conociendo el pecado.
Y pasaron horas sintiendo que no fue suficiente,
queriendo más de ti y más de mí,
suplicando por un no te vayas... quédate.
Debo confesar que me sentía en el cielo,
pero a la vez sentía tan adentro como crujía mi corazón,
la esperanza de volver a verte fue lo único que me quedo.
Hoy han pasado varios meses,
los mensajes seguían alimentando nuestro ego,
la idea de volver a encontrarnos era mutua,
sin embargo, algo paso...
El silencio llego,
sin un adíos.
el universo se alió para poder encontrarnos.
mi corazón estaba tan acelerado,
pues había que por fin estaría entre tus brazos.
te vi a lo lejos siempre tan despistado,
respire profundo y alce mi mano para decir por aquí.
me levante tan de prisa y te abrace sin temor,
besamos nuestras mejillas y sonreímos como dos tontos.
perdimos el tiempo platicando debo decir
jamás nos soltamos las manos,
nuestras miradas eran como si el tiempo no hubiera pasado.
Entre risas tus labios llegaron a mi cuello,
susurraste a mi oído un te quiero,
y de la nada nuestros labios por fin se unieron.
Nuestro primer beso por fin había llegado,
como un cataclismo así de inesperado,
sentía el temblor de nuestros cuerpos
como niños inocentes conociendo el pecado.
Y pasaron horas sintiendo que no fue suficiente,
queriendo más de ti y más de mí,
suplicando por un no te vayas... quédate.
Debo confesar que me sentía en el cielo,
pero a la vez sentía tan adentro como crujía mi corazón,
la esperanza de volver a verte fue lo único que me quedo.
Hoy han pasado varios meses,
los mensajes seguían alimentando nuestro ego,
la idea de volver a encontrarnos era mutua,
sin embargo, algo paso...
El silencio llego,
sin un adíos.