Supongo que no es muy normal pararse a comentar poemas que acumulan ya un tiempo. Me gusta mucho lo que escribe Nada y pocas veces comenta. Así son los caminos de la curiosidad. En realidad ha sido una sorpresa que el poema fuera tuyo.
No sé cuánto te habrás movido desde que lo escribiste, pero, al fin y al cabo, si es la eterna incógnita, de algún modo seguirá vigente

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Lo primero que me llama la atención es que no defines cuál es esa eterna incógnita; no al menos directamente. El hecho de que plantees definir su pureza me lleva a que realmente esa eterna incógnita no está definida, que está aún por descubrir. Diría que es un estado, el deseo insaciable de buscar respuestas, de encontrar un poquito de conocimiento que nos ilumine los obstáculos y los caminos francos. Y su pureza sería la manera de llevar a cabo ese proceso de aprendizaje para que conduzca a la verdad, suponiendo que exista.
En esa línea va la primera lectura de este verso:
cómo cabalgar entre falsos dogmas.
Viene muy a cuento lo que dice un amigo mío de que lo contrario del conocimiento no es la ignorancia, sino la fe. Desde la ignorancia se puede llegar al conocimiento; desde la fe ya no.
Y sin embargo no puedo evitar darle una segunda lectura a esos falsos dogmas. Puede que no representen algo tan literal, sino que hagan referencia a esas herramientas internas que tenemos junto al raciocinio, esas herramientas emocionales que responden con certeza y sin dudas, como dogmas.
Para mí la gran pregunta siempre es qué hacer, cómo comportarme; es la pregunta presente en cada instante de la vida y la que lanza raíces hacia otras cuestiones como el sentido de la vida o qué pasa tras la muerte. Y la racionalidad sola no puede responder, siempre le falta información, le es imposible comprender todas las consecuencias y las implicaciones de nuestros actos. Por eso inevitablemente recurrimos a los atajos emocionales.
No sé si estoy contaminando un poco tu mensaje desde mi propia circunstancia, pero un poco eso es lo que saco en claro de esta estrofa:
que dentro de las dudas está la más profunda de las certezas y,
aún siendo invidentes,
en lo más íntimo podemos percibir
nuestra cada vez mayor imposibilidad de hacernos los sordos
a constatar la urgencia de salvación,
ante la dolorosa limitación
y el vigor de la muerte.
Hay como un reconocimiento de la limitación de la comprensión humana y una aceptación de esa naturaleza que nos proporciona esas herramientas emocionales que nos permiten avanzar y elegir comportamientos.
Y, sin embargo, ahora que la releo aislada, dudo. Creo que mi primera interpretación nace de enlazar algunos versos de la estrofa anterior (la gratitud de las limosnas, la magnitud del dolor humano) con esa imposibilidad de hacernos los sordos.
Ahora me parece más claro que lo que describes que se percibe en lo más íntimo es esa imperiosa necesidad de buscar respuestas y buscarle sentido a nuestra existencia; no ya solo desde el punto de vista práctico de que ese conocimiento ilumine nuestras decisiones, sino como una necesidad de llenar una incógnita que corroe desde dentro.
Creo que yo soy bastante capaz de aceptar esa incógnita, que puedo soportar la idea de una existencia sin más sentido que esa existencia en sí misma; no creo necesitar más trascendencia que la propia vida (al menos de momento), pero creo también que para otras personas esa necesidad de darle sentido a la vida (y unido a ello a la muerte) es demasiado intensa y no pueden aceptar el vacío de la ignorancia. Creo que ahí reside el origen y el éxito de las religiones (sin entrar en otras consideraciones sobre su conveniencia para quienes las predican).
Así, aplaudo tu decisión (identificándote con quien narra el poema) de prolongar la eterna incógnita (entendida como esa búsqueda de la verdad). Ne temo que la enorme evidencia es que no tenemos herramientas suficientes para desvelar esa verdad.
Yo en cierto modo me he rendido, o más bien vuelvo a aceptar la mano amable que tiende la certeza del sentimiento. No estoy tan seguro de nada como cuando amo. Quizá la racionalidad no está llamada a encontrar la verdad, sino a saber elegir, de entre toda nuestra historia de instintos acumulados, a cuáles seguir con mayor o menor desconfianza.
Muchas gracias por esta invitación a la reflexión.
Un abrazo,
Álvaro