Sinfonía del Lamento

Nýcolas

Poeta asiduo al portal
He encontrado amores, aventuras, sueños,
pero ciertamente no son míos.
Los he encontrado a ellos, entre ellos,
supe ser un cupido de ojos negros,
y con la puntería de un niño lúdico
pequeños destinos magnos como el universo.
He encontrado sueños, amores, aventuras,
pero ciertamente no son míos.
Los he encontrado, a ellos, entre ellos,
tal siendo la flecha del reencuentro
cual si fuese testigo de promesas de otras vidas.
He encontrado aventuras amores y sueños,
pero ciertamente no me pertenecen.
Los he hallado en el fango de la existencia;
tengo pupilas para ver la belleza
tengo ojos para ver el alma.
Pues tal así como una estrellita encierra mil mundos,
he sido orfebre de mil mundos: mis mundos más queridos.
He sido también escultor, tallé formas de oro en las cavernas,
venusinas desnudas, ángeles traviesos, dioses despiadados.
La poesía será mi único legado,
como cuando Dios creó el único verso.
¿Alguien puede escuchar la música de esta sinfonía marginada?
He encontrado aventuras y sueños, amores,
pero ciertamente no son míos, ¡no me pertenecen!.
Quisiera ver la muerte pero no la encuentro.
Y no creo estar ciego para encontrar la muerte.
También fui pintor, ¿te dije?,
fui el suspiro húmedo de Van Gogh en sus días más terribles,
es decir, en sus días de creación iluminada;
y transpirando como transpira una sombra
he pintado bellísimos paisajes que no podré contemplar.
He encontrado suertes y desdichas, azares y desaciertos,
felicidades y desatinos, luces y penumbras,
pero nada para mí. Y ahora pienso, y ahora siento,
antes de tantos encuentros, de tantos ellos entre ellos,
los he encontrado a ellos: mis amores, mis afectos, mis cariños.
¿Es que no puedo llorar o es que no hago el intento?...
¡Quisiera derramar una lágrima al menos, sólo una, si pudiese!
Una aunque sea para perlar de dulces brillos sus tiernos corazones,
que, sin embargo, ¡brillan tanto sin mí!...
Y me alegro por ellos, en verdad que me alegro por ellos,
digo esto con lo más hondo de mi corazón,
pero sinceramente no me alegro por mí, no, no me alegro por mí.
¡Por que la amo le desearía sufrimiento!
¡Oh perla inigualable, fúlgido diamante!
Oh mi afectuosa estrella tan distante,
nada de esto así no fuese si no existiera el fruto del placer,
la dicha y el gozo y todo aquello que merece florecer.
A veces me pregunto si debo ser feliz.
Pero primero debo preguntarme, ¿existe para mí el deber?
Música, color o claroscuro de una vida refractada,
constelación de letras y palabras, sonidos y melodías,
verbos y corcheas, negras y tiempos y silencios;
oírla quisiera en el eco de una cúpula
a una bella voz desde la tumba,
descansando y ella cantando, desconocida,
para mí, cantándome con sus ojos ardiendo,
como el Beschwörung que suena en el templo de los solitarios,
como la canción de cuna que le cantan a los niños muertos.
¡Luz, luz, luz!...
 
Última edición:

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba