SINGLADURA HACIA LA NOCHE DE LUNA LLENA
De nuevo la mañana amenazante
me muestra sin pudor el mar blandamente trizado
por las miradas brillantes de los marineros muertos.
Con un coro de sirenas por respuesta
se desvelan las preguntas del cómo y el cuándo
y los pecios develados se sumergen
un poco más en el óxido.
El mar, el glauco fondo del mar.
Suspendido por los vellos tensos de las auroras nacientes
-dorados hilos de los soles o las canciones de adiós-
y las bellas danzarinas gaditanas
que vuelven desde el ayer que no fue
hasta los nigth-clubs de los paquebotes incendiados.
¿Quien laceró el mar tranquilo con surcos
como equívocas estrías?
Las derivas se anudan en las cartografías al uso
y sólo la astucia de Aquiles puede traer la paz al navegante.
Reflejos engañosos, reflejos en los metálicos espejos del agua clara,
reflejos que destiñen las sabias coloraciones de los peces
e inundan las bitácoras haciéndolas aleatorias.
(El humo de las chimeneas insonorizadas
recoge amablemente aquel de la pipa del viejo corsario
y juntos vuelan hasta la nube que les espera en el ocaso.
Caen las rosas baudelarianas en la maniobra de atraque.)
Se asfixia el día en el vértice cenital de los equinoccios
oprimido por la simetría involuntaria de las horas vespertinas
y se van cerrando los ojos ya opacos de las olas y sus espumas.
Es luna llena: todos los espectáculos callan
para admirar el nuevo prodigio
que redime la vulgaridad del hombre.
Yo me abrazo a la amada que me sigue:
acabemos, oh portuario amor, esta última ofrenda de licor
y vayamos a inmolarnos tras las dunas de los desiertos que nacen.
Ilust.: Lucio Fontana. “Concetto spaziale”
De nuevo la mañana amenazante
me muestra sin pudor el mar blandamente trizado
por las miradas brillantes de los marineros muertos.
Con un coro de sirenas por respuesta
se desvelan las preguntas del cómo y el cuándo
y los pecios develados se sumergen
un poco más en el óxido.
El mar, el glauco fondo del mar.
Suspendido por los vellos tensos de las auroras nacientes
-dorados hilos de los soles o las canciones de adiós-
y las bellas danzarinas gaditanas
que vuelven desde el ayer que no fue
hasta los nigth-clubs de los paquebotes incendiados.
¿Quien laceró el mar tranquilo con surcos
como equívocas estrías?
Las derivas se anudan en las cartografías al uso
y sólo la astucia de Aquiles puede traer la paz al navegante.
Reflejos engañosos, reflejos en los metálicos espejos del agua clara,
reflejos que destiñen las sabias coloraciones de los peces
e inundan las bitácoras haciéndolas aleatorias.
(El humo de las chimeneas insonorizadas
recoge amablemente aquel de la pipa del viejo corsario
y juntos vuelan hasta la nube que les espera en el ocaso.
Caen las rosas baudelarianas en la maniobra de atraque.)
Se asfixia el día en el vértice cenital de los equinoccios
oprimido por la simetría involuntaria de las horas vespertinas
y se van cerrando los ojos ya opacos de las olas y sus espumas.
Es luna llena: todos los espectáculos callan
para admirar el nuevo prodigio
que redime la vulgaridad del hombre.
Yo me abrazo a la amada que me sigue:
acabemos, oh portuario amor, esta última ofrenda de licor
y vayamos a inmolarnos tras las dunas de los desiertos que nacen.
Ilust.: Lucio Fontana. “Concetto spaziale”