Zulma Martínez
Mar azul...
El viento se eterniza en mis cabellos;
implacable, invade mi alma.
Reina lo desbocado, lo enloquecido.
Una andanada de silbidos
aturde a los pinos esbeltos.
Ciego, sordo, loco, hambriento,
ya no sabe de límites:
todo lo arrasa, lo devora,
lame la tierra reseca,
desgaja los brotes tiernos,
aniquila, con remolinos de polvo,
la seda de las flores del cerezo.
Hasta el sol pierde la razón
y no ilumina;
desfallece entre estertores de destellos.
Se espanta, la tarde, y huye.
Sólo tú permaneces intacto,
impávido ante las ráfagas furiosas.
Es que, anclado estás en mis sentimientos,
aunque la traición sea tu derrotero.
implacable, invade mi alma.
Reina lo desbocado, lo enloquecido.
Una andanada de silbidos
aturde a los pinos esbeltos.
Ciego, sordo, loco, hambriento,
ya no sabe de límites:
todo lo arrasa, lo devora,
lame la tierra reseca,
desgaja los brotes tiernos,
aniquila, con remolinos de polvo,
la seda de las flores del cerezo.
Hasta el sol pierde la razón
y no ilumina;
desfallece entre estertores de destellos.
Se espanta, la tarde, y huye.
Sólo tú permaneces intacto,
impávido ante las ráfagas furiosas.
Es que, anclado estás en mis sentimientos,
aunque la traición sea tu derrotero.