Empezamos en las frías aguas del Atitlán, donde los navegantes y mercaderes de antaño temían navegar durante varias horas en este lago, ya que existía una leyenda, que trata sobre dos sirenas que con su canto melódico y armonioso atraían a los barcos rodantes de la región, al centro del lago. Donde las rocas se hacían muy pronunciadas y las heladas algas rondaban toda la zona.
La leyenda cuenta que dichas sirenas, con apariencia de mujer y cuerpo de pez eran unos de los seres más bellos del planeta después de la caída de luzbel. Estos seres con apariencia de mujer angelical las cuales los habitantes del lugar comparaban con la malicia del mismo diablo, emitían sonidos que encantaban a los capitanes de los barcos atrayéndolos hacia ellas haciéndolos alucinar bellos oasis o pequeñas islas donde podían descansar de su largo viaje y admirar la belleza de aquellos seres.
Pero la absurda ilusión luego se convertía en un desesperante final, dichos barcos atraídos por las bellas melodías emitidas por las sirenas, chocaban contra las gigantes de silicio y luego su destino como todos los barcos que caían en la trampa de las sirenas era un hundimiento lento y trágico, y sin dejar rastro alguno debido a la profundidad de esas aguas, los tripulantes sufrían el mismo destino que el barco ya que las algas del lugar se encargaban de ahogarlos. Decenas de barcos se encuentran hundidos en esas aguas tan profundas como el infinito mismo.
Desde ese entonces ya hace mas de 200 años y esa leyenda ha pasado de generación en generación por los únicos dos sobrevivientes de la ilusión óptica causada por aquellos seres.
Ellos navegando en el navío llamado ajpalow-achi´lanel que en lengua española significa marinero escolta.
Sus nombres eran: Amed y Siul, ambos hermanos de sangre, ellos dieron únicamente a sus familiares la razón por la cual no fueron engañados por las sirenas, y el motivo fue de que consigo iba navegando un delfín, no mas común en los cielos de agua del Atitlán, su color azul profundo sobresaliendo en su espiráculo un aro tan resplandeciente como el mismo sol, el cual se mostró para guiar a los hermanos, este delfín parecía volar a un costado del navío de tripulaban Amed y Siul y emitiendo sonidos que opacaban el canto de las sirenas ya que el navío y los hermanos ya estaban a punto de seguir el destino de los demás barcos, esta fue su salvación y hasta los días recientes ellos y solamente sus descendientes logran escapar de las terribles garras seductoras de las sirenas. Gracias al delfín que con su canto y su resplandeciente luz aun más poderosos y real que el de las sirenas dieron aviso a aquellos dos valientes lobos marinos llamados así por su intrépido escape del fin.
Pero esta leyenda hoy en día es tomada solamente como un cuento o como ataque psicológico para los nuevos navegantes. Pero ellos ahora previenen su viaje portando un delfín de bronce en su bolsillo izquierdo de la camisa, y viendo hacia el horizonte logran llegar a sus destinos sanos y salvos gracias al delfín del lago de Atitlán.
La leyenda cuenta que dichas sirenas, con apariencia de mujer y cuerpo de pez eran unos de los seres más bellos del planeta después de la caída de luzbel. Estos seres con apariencia de mujer angelical las cuales los habitantes del lugar comparaban con la malicia del mismo diablo, emitían sonidos que encantaban a los capitanes de los barcos atrayéndolos hacia ellas haciéndolos alucinar bellos oasis o pequeñas islas donde podían descansar de su largo viaje y admirar la belleza de aquellos seres.
Pero la absurda ilusión luego se convertía en un desesperante final, dichos barcos atraídos por las bellas melodías emitidas por las sirenas, chocaban contra las gigantes de silicio y luego su destino como todos los barcos que caían en la trampa de las sirenas era un hundimiento lento y trágico, y sin dejar rastro alguno debido a la profundidad de esas aguas, los tripulantes sufrían el mismo destino que el barco ya que las algas del lugar se encargaban de ahogarlos. Decenas de barcos se encuentran hundidos en esas aguas tan profundas como el infinito mismo.
Desde ese entonces ya hace mas de 200 años y esa leyenda ha pasado de generación en generación por los únicos dos sobrevivientes de la ilusión óptica causada por aquellos seres.
Ellos navegando en el navío llamado ajpalow-achi´lanel que en lengua española significa marinero escolta.
Sus nombres eran: Amed y Siul, ambos hermanos de sangre, ellos dieron únicamente a sus familiares la razón por la cual no fueron engañados por las sirenas, y el motivo fue de que consigo iba navegando un delfín, no mas común en los cielos de agua del Atitlán, su color azul profundo sobresaliendo en su espiráculo un aro tan resplandeciente como el mismo sol, el cual se mostró para guiar a los hermanos, este delfín parecía volar a un costado del navío de tripulaban Amed y Siul y emitiendo sonidos que opacaban el canto de las sirenas ya que el navío y los hermanos ya estaban a punto de seguir el destino de los demás barcos, esta fue su salvación y hasta los días recientes ellos y solamente sus descendientes logran escapar de las terribles garras seductoras de las sirenas. Gracias al delfín que con su canto y su resplandeciente luz aun más poderosos y real que el de las sirenas dieron aviso a aquellos dos valientes lobos marinos llamados así por su intrépido escape del fin.
Pero esta leyenda hoy en día es tomada solamente como un cuento o como ataque psicológico para los nuevos navegantes. Pero ellos ahora previenen su viaje portando un delfín de bronce en su bolsillo izquierdo de la camisa, y viendo hacia el horizonte logran llegar a sus destinos sanos y salvos gracias al delfín del lago de Atitlán.