SÍSIFO O EL ASCENSO A LA TORRE BADUM (*)
La sutil paranoia de la nube crea un ave
en el límite impreciso de un horizonte de espinos
y yo lloro desconsolado mi huída hacia la nada,
con las lágrimas nocturnas por las quejas insolentes,
hacia los desvaídos matices del amanecer,
y reemprendo como Sísifo la nueva subida al cénit.
Tomo como piedra abrumadora la nube paranoica.
La tiño con los turbios colores de la aurora
exprimidos desde mi sangre.
Asciendo paso a paso.
Pasión.
Amor apasionado por la nada victoriosa.
Líquida secuencia, desenfreno,
polícroma lujuria de las rocas que caen
hacia el furor abisal del que procedo.
Subo.
Y voy regando con mi sudor de héroe oxidado
los ribazos del camino del que hago vida.
Nacen repentinos el jaramago y las zarzas
que perfumaron mi infancia en los secanos de la patria.
Se inclinan a mi paso, oferentes,
con inciensos espontáneos,
con espinas como besos de traición
que rasgan mi piel, de caricias ávida.
Es su elocuente homenaje al ave engendrada
por la nube paranoica, matriz de mis desvelos y mis odios.
Mi heráldica ave, ahora carcomida
por las chinches y las nostalgias
se reunirá con las demás carroñeras,
ella, que sólo se alimentaba con la luz de limpios amaneceres.
Cercana está ya la cima inalcanzable
de la que seré nuevamente rechazado,
volveré nuevamente hacia el abismo
siendome negadas las delicias del ocaso.
Siento sobre mí las densas escamas de piedra,
refugio de la noche y sus murciélagos.
Siento el agobio, cada paso más humano,
y la ceguera que avanza desde mis ojos cansados.
Y la cárdena carcajada de los dioses que me invitan a ser,
como ellos, eterno, soportando el humano castigo
que, desde ellos, me ha sido asignado.
Allí arriba, en la cima inalcanzable
está la torre, la última burla de los dioses,
pétreo bastión que me reservan para gozar,
ciego ya, de la sobrenatural cadencia
de los colores nacidos de mi sangre.
La sutil paranoia de la nube crea un ave
en el límite impreciso de un horizonte de espinos
y yo lloro desconsolado mi huída hacia la nada,
con las lágrimas nocturnas por las quejas insolentes,
hacia los desvaídos matices del amanecer,
y reemprendo como Sísifo la nueva subida al cénit.
Tomo como piedra abrumadora la nube paranoica.
La tiño con los turbios colores de la aurora
exprimidos desde mi sangre.
Asciendo paso a paso.
Pasión.
Amor apasionado por la nada victoriosa.
Líquida secuencia, desenfreno,
polícroma lujuria de las rocas que caen
hacia el furor abisal del que procedo.
Subo.
Y voy regando con mi sudor de héroe oxidado
los ribazos del camino del que hago vida.
Nacen repentinos el jaramago y las zarzas
que perfumaron mi infancia en los secanos de la patria.
Se inclinan a mi paso, oferentes,
con inciensos espontáneos,
con espinas como besos de traición
que rasgan mi piel, de caricias ávida.
Es su elocuente homenaje al ave engendrada
por la nube paranoica, matriz de mis desvelos y mis odios.
Mi heráldica ave, ahora carcomida
por las chinches y las nostalgias
se reunirá con las demás carroñeras,
ella, que sólo se alimentaba con la luz de limpios amaneceres.
Cercana está ya la cima inalcanzable
de la que seré nuevamente rechazado,
volveré nuevamente hacia el abismo
siendome negadas las delicias del ocaso.
Siento sobre mí las densas escamas de piedra,
refugio de la noche y sus murciélagos.
Siento el agobio, cada paso más humano,
y la ceguera que avanza desde mis ojos cansados.
Y la cárdena carcajada de los dioses que me invitan a ser,
como ellos, eterno, soportando el humano castigo
que, desde ellos, me ha sido asignado.
Allí arriba, en la cima inalcanzable
está la torre, la última burla de los dioses,
pétreo bastión que me reservan para gozar,
ciego ya, de la sobrenatural cadencia
de los colores nacidos de mi sangre.
Ilus.: Las vacaciones de Sísifo nº 6. Pere Salinas
(*) La torre Badum es una torre de centinela situada en la Sierra de Irta sobre un acantilado de considerable altura, entre el barranco del Volante y la playa del Pebret, a unos 6 km al sur del casco urbano de Peñíscola, en la provincia de Castellón.