sobre la danza de los derviches

Manu

Poeta recién llegado
Sobre la danza de los derviches

Aborrezco las líneas
rectas,
ya sean de cocaína,
o curvilíneas.

Su tiempo
destruye la energía,
nos lleva a que me quieras mucho,
a que se lo digas a tus constelaciones,
a que dejes sin margaritas
el jardín orgánico de tu madre,
pero mañana, vamos rectos
a un poco menos,
un poco menos,
más lento,
hasta que caemos por el precipicio,
a un desierto sin margaritas orgánicas
y sin constelaciones.

A veces, perdono a las curvilíneas,
en sus ondulaciones me creo poeta,
creo que sublimo las geometrías,
pero cuando voy falto de energía
tiro de freno de mano y derrapo
antes de llegar a la curva,
como los malos conductores.
Y resulta que nos queremos en el accidente,
pisamos los cristales de las lunas,
bebemos y conducimos de nuevo
por salvajes carreteras secundarias,
el viento vuela tu pañuelo pin-up,
un tractor a sueldo nos arrolla,
dicen que estaba contratado por tu padre,
para que no gastaras tu futuro,
ni la gasofa de su coche, ni sus apellidos.
Odio las líneas curvas
porque no te llegue a decir adiós,
y ahora estoy frenando en el desguace.
No hay lugar para repostar en el desierto,
y siempre se te pega una drogadicta,
que se cree en una road movie,
a pesar de que vayamos en un ford fiesta.

Yo, lo que amo son los círculos.
Círculos de energía concéntrica,
círculos de energía renovada.
Amo las mujeres circulares
como madame bovary
porque caben todas las mujeres dentro,
y todos los días se repiten los mismos sueños.
Todos los días se despiertan y te quieren de nuevo,
con energía circular renovada.
Amo mis gurús circulares:
che Guevara, Limonov y mi profesor Fajardo,
giro en torno a ellos,
como figuras totémicas ancestrales,
y todo lo que necesito
cabe en sus enseñanzas.

Amo girar en círculos,
concéntricos u ovalados,
somos pequeños planetas,
que traslacionan el cielo a la tierra,
y danzan sobre los charcos,
proyectando las estrellas en el cielo
y salpicamos amor y luz,
energía nueva, nuevas simientes
esperando ser fecundadas
en la palma de la mano.

Si las energías concéntricas forman huracán,
que arrasa tus apellidos y a tu padre,
mientras nosotros bailamos en círculos
Aun así me querrás, ¿verdad?
Aún cuando estrelle el coche de nuevo
en mitad de la curva definitiva.
¿Me querrás?
Cuando empecemos a girar,
mañana de nuevo,
¿qué sentido tendrá que todo gire?

Me proyecto en el nuevo día,
el círculo de mi mano es el sol,
que extendida alumbra la mañana,
saludo a las hadas,
giro, roto sobre mi eje y me mareo.
Es mi victoria circular:
símbolo de la vida sobre la muerte.

Porque nada te enseña más a vivir
y a girar,
que la muerte,
que el final de la línea recta o curva.
¿Verdad?
 

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