Sinuhé
Poeta adicto al portal
Llueve.
Nadie observa como yo
esta lluvia.
Hace que olvide señales
incluso provoca
que mi vista observe
alrededor buscando harapos.
Nadie siente como yo esta lluvia.
Se desparrama a cántaros
atropella con sin igual
estertor la alegría.
Es como el cimiento de cualquier
lupanar inconcluso
como el continuo germinar
de un almácigo podrido.
Resta palabras
desesperadamente clava sus cruces
con una urdida complexión
llenando todo.
Yo la miro.
Observo detenidamente
su inusitada maravilla
la sensación de urgencia que provoca
el saber que ya ha llegado.
Nadie observa como yo esta lluvia.
Viene de lejos
acomete sin importarle el caudal
o las sibilancias de cualquier atolondrado
vagabundo en escampada.
Llegan los cuervos
observan como yo
oteando todo.
Yo soy de Sal
inerme estatua contenida por los siglos
nada me importa.
Yo no me haré mortajas de un edredón sumergido
no cambiaré el granito
por su candor de infinito.
La interminable lluvia
la que escolta las pizcas
de una esperanza mullida
cala, me inunda,
con su conocida gelidez diluida.
......
Yo seguiré mirando
el valladar absurdo de la vida.
Sus laberintos
sus Esfinges de Sal
llenas de sangre,
y éste sucio rostro
con sus tajos inútiles...
......
Nadie observa como yo
esta lluvia.
Hace que olvide señales
incluso provoca
que mi vista observe
alrededor buscando harapos.
Nadie siente como yo esta lluvia.
Se desparrama a cántaros
atropella con sin igual
estertor la alegría.
Es como el cimiento de cualquier
lupanar inconcluso
como el continuo germinar
de un almácigo podrido.
Resta palabras
desesperadamente clava sus cruces
con una urdida complexión
llenando todo.
Yo la miro.
Observo detenidamente
su inusitada maravilla
la sensación de urgencia que provoca
el saber que ya ha llegado.
Nadie observa como yo esta lluvia.
Viene de lejos
acomete sin importarle el caudal
o las sibilancias de cualquier atolondrado
vagabundo en escampada.
Llegan los cuervos
observan como yo
oteando todo.
Yo soy de Sal
inerme estatua contenida por los siglos
nada me importa.
Yo no me haré mortajas de un edredón sumergido
no cambiaré el granito
por su candor de infinito.
La interminable lluvia
la que escolta las pizcas
de una esperanza mullida
cala, me inunda,
con su conocida gelidez diluida.
......
Yo seguiré mirando
el valladar absurdo de la vida.
Sus laberintos
sus Esfinges de Sal
llenas de sangre,
y éste sucio rostro
con sus tajos inútiles...
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