Khar Asbeel
Poeta fiel al portal
Se dice que la Muerte es la más hermosa de todas las diosas. El sombrío resplandor de su indescriptible belleza puede cegar a todo mortal antes de arrojarlo a los más profundos pozos de la más negra desesperación por no poder nunca poseerla. Casi todos los dioses se han prendado de la emperatriz insondable: Ya sea Lucifer, que le ofrece el trono de la Realidad Oscura, bien Samael, que la haría Reina de los Infiernos, dejando de lado a la terrible y sensual Lilith o el iracundo Urizen, señor de los Fuegos Negros. Pero la Señora Pálida rechaza cualquier trono que no sea el suyo y le disgusta la violencia del Dios Devorador. Sin embargo, se cuenta que más de una vez se ha enamorado de un hombre mortal, pero solo de aquel cuyo espíritu este lleno de melancolía y arte, cuyos sentidos capten lo que otros no ven. Así es como la Muerte camina en forma humana, para ser la esposa de estos mortales que nunca saben de quien reciben los ósculos y con quien comparte el tálamo. Pero la Muerte, por más que lo desee, jamás podrá engendrarle hijos a su amante, siendo ella la madre de la Inexistencia, cosa que tiñe de amargura su sempiterna transito. Y al final, regresa a su Trono Negro, suspirando melancólicamente, pues a veces la soledad le pesa. Diosa entre diosas, es temida y adorada de un extremo a otro de Universo, pero no es su anhelo inspirar terror ni que se humillen ante ella. Como toda mujer, su deseo es ser amada y necesitada.
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