Sobre todas las cosas-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Oh Dios, se nos ofreció la palabra,

dúctil, manejable, efervescencia dilatada,

virginal cadencia de fuegos paulatinos,

eternidad muerta en los charcos de la náusea.

Y tú, Dios, nos diste promesas y pómulos,

decadencias ostensibles, palomas numéricas,

ofrendas carismáticas, sucesos efímeros, somos

tus habitantes molestos y ruidosos. Cómo golpea

tu rabia en mi costado, oh Dios, con savia de otros

tiempos gloriosos: peces disciplinados, sobre tu mesa

multicolor, esencias desprevenidas cuyo perfume insiste

bajo alas de calor humilde, oh Dios, ondas fugaces

de una electricidad ulterior. Entonces si yo ofrezco

la mano el corazón el fonema y el signo, tú, con cansancio

anticipado, prometes la blasfemia dorada y el cántico dorado:

tú, que drenas los espacios intermitentes con tu capcioso

elemento litúrgico.



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