Socialismo o Muerte

calcagnoagustin

Poeta recién llegado
Socialismo o muerte

cuando los pistoleros frotaban sus manos y afilaban sus gatillos sobre las ruinas del muro, mi abuela me dijo que no estaba terminado, porque los síntomas perdurarían, porque en su fe nacional/católica entendía la potencia de las fuerzas que nos mueven. ahora está muerta.


Socialismo

no es la libertad
solamente es un modo
de repartir
el Apocalipsis

de sacar los gorgojos
de la harina
y distribuir la miseria
amasándola
y friéndola
en tortillas

es la división de los panes
es el vino aguado
es aceptar
que nadie resucita
en sus hijos

es lo que ya saben
los que atan sus cordones
con espaguetis
congelados
cada mañana

hacer el amor
a la luz de velas
inevitables
y sentir el infinito
de la piel
sin pensar en el baho
ajeno
de unos calzoncillos
prestados

soltar todo sin largarse
sin ocultar nuestras
oscuras perlas
y reírnos a carcajadas
de la culpa
del miedo
del cinturón en la espalda
mientras labra lazos rojos
en nuestras almas

no es ideología
ni poesía
ni fantasía

es lo único que nos queda




o muerte

fuimos polvo
en el mundo polvoriento
de los oficios
y de las guerras
divinas

fuimos bronce
en el mundo de los bustos
y de las estatuas
y de los libros
que advertían
del futuro

ahora
ya somos sólo letras
rotas
trocitos de ideas
microscópicas
que se vuelven con el viento
hacia la tierra
penetrando los poros
de los vivos

fecundándolos
con intangible
desesperanza

la muerte
tan irreal
para los vivos
como la vida
es un episodio
marginal
y olvidado

sin cielo
sin infierno
la muerte es agua
disolviéndose
en el agua

una escena dolorosa
de la decadencia
y del deterioro
humanos
o en todo caso
la ausencia
de un olor familiar
que nos arranca
pedazos
de futuros hipotéticos
de conversaciones
imposibles

la muerte para quien muere
no se sabe
no puede saberse
no debe saberse

porque ésta duda
es la única
forma
conocida

de
libertad
 
Las palabras suelen ser pan de la confusión, pero lo son más los proceso sociales que se fundan en la voluntad de hacer realidad la confusión de las palabras. De acuerdo con algunas crónicas de su época, se afirma que Jesús de Nazaret declaró que la verdad es el camino de la libertad. ¡Cuánta razón hay en sus palabras! ¡Y cuánto dolor ha costado constatarlo! Desde luego que no basta sólo con la voluntad de poder. Ya lo dijo Marx en su momento. Se require de la existencia de condciones sin las cuales es imposible su realización. Si los "creadores" de utopías no se vieran obligados por sus circuntancias y fueran, al menos, lectores más atentos, no le llamarían camas a las mesas, ni mesas a las sillas.

Ha sido un placer poder leer este excelente poema.
 

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