Debían ser las diez, aesa hora siempre ladra el mismo perro. Cada mañana, debajo de lamisma ventana vocifera su canto de amor con la intención deencandilar a la perra del primero. Esta por lo que se ve no lo tienemuy claro, no le faltan perros que la ronden. Dicen incluso las malaslenguas que se la ha visto con un riquísimo gato aristócrata. Pesea todo la perra no puede disimular la sonrisa que se escapa de sucara cada mañana a las diez.
Me despierto sin ganas,cansado, extrañado con la presencia de una mujer en mi cama. Empiezoa sentirme mejor. Descubro entre las sabanas su silueta, sin manchasde ropa que ensucien su piel blanca. Pelo revuelto de un escandalosoamarillo soleado, oculta con sus rayos el fértil desierto de laespalda. Lo toco primero, como presentándome, luego lo aparto ydescubro una rasta, a la cual indulto y dejo que custodie eldesierto. La rasta casi llega al final, donde se acaba el mundo, alláen el culo, que parece un monte de miel. Me quedo mirando,elucubrando, como si no me creyera el cuento de que pasa el tiempo.No vale la pena hacer el esfuerzo de recordar que pasó, nuncafunciona, la mejor opción será volver a dormir, y quien sabe, quizárepetir.
Ahora si que no tengo niidea de la hora que es, debe ser de noche porqué no hay luz, pero sise escucha bastante ajetreo por la calle. Se perciben voces desirenas, parece que reclaman piernas, han debido montar un acuariopara no morir en la protesta. Se escuchan sirenas, esta vez de lapolicía. Vuelvo a despertar esperanzado con las expectativas que meofrece la vigilia, el edén me espera y yo no pienso desesperarlo. Mequedo estupefacto, asombrado por el truco, mi venus de milo hadesaparecido. De ella solo queda algo de aroma, a medio camino entrela fragancia y el recuerdo. Ha salido corriendo, ha abierto los ojos,ha visto mi palacio de una sola habitación que nunca logro limpiar yse me ha fugado. Quizá el piso le de igual y la haya ahuyentado conmis ronquidos, o igual se ha tenido que ir a trabajar, o puede quesea una vampiro, o que lo haya soñado, vete tú a saber. El cuelloparece que lo tengo bien, sin mordiscos fuera de lo común y es unapena la verdad. Ni si quiera recuerdo su cara, a decir verdad noestoy seguro de habérsela visto. Recuerdo su tacto, el de loslabios, si de algo estoy seguro es que la besé, o ella me besó ami, no lo sé. Esa chica tiene algo, parece que aun a pesar de supoca masa posea una gravedad propia que atraiga las cosas hacia ella.Supongo que es mejor soñarla que salir a buscarla, me quedocelebrando, inventando lo que pasó. Probablemente caiga alguna pajapara celebrar esta historia a la que voy a buscar un sitio de honoren mi memoria.
Debe ser la una de lamadrugada, lo se por la campanada. Me levanto por primera vez desdehace bastante, por la poca circulación de mis piernas parecen años.Me doy cuenta que a tres pasos de la cama, sobre la mesa hay unacarta.
Ayer te vi y megustaste. Hemos bailado en el cielo durante toda la noche al paso delas estrellas. He de decirte que me he enamorado de ti, por eso meveo en la obligación de decirte que estoy buscada por la policía ypuede que me estén siguiendo. Te conviene salir de ahí enseguida,ven si quieres a buscarme...
En elmismo momento en que separo mis ojos de la carta, llaman con muypocos modales a la puerta. Policía, parece que gritan, pero a mi meda igual, mi cabeza ya está saliendo por la ventana que da al patiodel vecino. El problema es que mi cabeza ahora mismo solo piensa ensaber quien es esa chica, no le cabe ni puede asumir ninguna otrafunción, y con la tontería rompo la puerta de cristal de la casadel vecino, corriendo nervioso, como un perro al que se le escapa sucompañera de cópula. Paso sin ropa corriendo por el salónabarrotado de niños con sombreros de cartón, llego a la puerta,recorro el pasillo y por fin puedo escapar por una puerta de servicioque da a un callejón. Al parecer a la policía no le ha parecidoconveniente cubrirlo y yo se lo agradezco.
Hanpasado tres meses, uno de noviazgo y dos de recuperación. Resultóser la chica perfecta, alguien que bien podría llamarse Afrodita,digna de adorar. Solo un problema. Las desobediencias a la justiciaresultaron ser por la manía que tiene mi niña de cortar el pene desus romances en medio de la excitación y la erección.
Me despierto sin ganas,cansado, extrañado con la presencia de una mujer en mi cama. Empiezoa sentirme mejor. Descubro entre las sabanas su silueta, sin manchasde ropa que ensucien su piel blanca. Pelo revuelto de un escandalosoamarillo soleado, oculta con sus rayos el fértil desierto de laespalda. Lo toco primero, como presentándome, luego lo aparto ydescubro una rasta, a la cual indulto y dejo que custodie eldesierto. La rasta casi llega al final, donde se acaba el mundo, alláen el culo, que parece un monte de miel. Me quedo mirando,elucubrando, como si no me creyera el cuento de que pasa el tiempo.No vale la pena hacer el esfuerzo de recordar que pasó, nuncafunciona, la mejor opción será volver a dormir, y quien sabe, quizárepetir.
Ahora si que no tengo niidea de la hora que es, debe ser de noche porqué no hay luz, pero sise escucha bastante ajetreo por la calle. Se perciben voces desirenas, parece que reclaman piernas, han debido montar un acuariopara no morir en la protesta. Se escuchan sirenas, esta vez de lapolicía. Vuelvo a despertar esperanzado con las expectativas que meofrece la vigilia, el edén me espera y yo no pienso desesperarlo. Mequedo estupefacto, asombrado por el truco, mi venus de milo hadesaparecido. De ella solo queda algo de aroma, a medio camino entrela fragancia y el recuerdo. Ha salido corriendo, ha abierto los ojos,ha visto mi palacio de una sola habitación que nunca logro limpiar yse me ha fugado. Quizá el piso le de igual y la haya ahuyentado conmis ronquidos, o igual se ha tenido que ir a trabajar, o puede quesea una vampiro, o que lo haya soñado, vete tú a saber. El cuelloparece que lo tengo bien, sin mordiscos fuera de lo común y es unapena la verdad. Ni si quiera recuerdo su cara, a decir verdad noestoy seguro de habérsela visto. Recuerdo su tacto, el de loslabios, si de algo estoy seguro es que la besé, o ella me besó ami, no lo sé. Esa chica tiene algo, parece que aun a pesar de supoca masa posea una gravedad propia que atraiga las cosas hacia ella.Supongo que es mejor soñarla que salir a buscarla, me quedocelebrando, inventando lo que pasó. Probablemente caiga alguna pajapara celebrar esta historia a la que voy a buscar un sitio de honoren mi memoria.
Debe ser la una de lamadrugada, lo se por la campanada. Me levanto por primera vez desdehace bastante, por la poca circulación de mis piernas parecen años.Me doy cuenta que a tres pasos de la cama, sobre la mesa hay unacarta.
Ayer te vi y megustaste. Hemos bailado en el cielo durante toda la noche al paso delas estrellas. He de decirte que me he enamorado de ti, por eso meveo en la obligación de decirte que estoy buscada por la policía ypuede que me estén siguiendo. Te conviene salir de ahí enseguida,ven si quieres a buscarme...
En elmismo momento en que separo mis ojos de la carta, llaman con muypocos modales a la puerta. Policía, parece que gritan, pero a mi meda igual, mi cabeza ya está saliendo por la ventana que da al patiodel vecino. El problema es que mi cabeza ahora mismo solo piensa ensaber quien es esa chica, no le cabe ni puede asumir ninguna otrafunción, y con la tontería rompo la puerta de cristal de la casadel vecino, corriendo nervioso, como un perro al que se le escapa sucompañera de cópula. Paso sin ropa corriendo por el salónabarrotado de niños con sombreros de cartón, llego a la puerta,recorro el pasillo y por fin puedo escapar por una puerta de servicioque da a un callejón. Al parecer a la policía no le ha parecidoconveniente cubrirlo y yo se lo agradezco.
Hanpasado tres meses, uno de noviazgo y dos de recuperación. Resultóser la chica perfecta, alguien que bien podría llamarse Afrodita,digna de adorar. Solo un problema. Las desobediencias a la justiciaresultaron ser por la manía que tiene mi niña de cortar el pene desus romances en medio de la excitación y la erección.