AgioNIMO
NEMO
¡Sol! ¡Ven! Hagamos un trato.
Me levantaré al más leve
despliegue de tus rayos,
que reciban mis pestañas.
Y si se cruzan cortinas,
ellas dirán que has llegado.
¡Sol! ¡Ven! Cúrame de espantos!
Atraviesa con tu lanza
dorada la duda que hiela,
que cierra la mano que afianza,
la que sostiene benévolamente
las palabras del “te amo” del “te quiero”
¡Sol! ¡Ven! Y ahora…
¡lárgate por un buen rato!
seré día y seré noche. ¿Por?
¿Qué he de hacer si alguna vez
no has de salir por la mañana?
No quiero pasar un día sin despertarme.
Me levantaré al más leve
despliegue de tus rayos,
que reciban mis pestañas.
Y si se cruzan cortinas,
ellas dirán que has llegado.
¡Sol! ¡Ven! Cúrame de espantos!
Atraviesa con tu lanza
dorada la duda que hiela,
que cierra la mano que afianza,
la que sostiene benévolamente
las palabras del “te amo” del “te quiero”
¡Sol! ¡Ven! Y ahora…
¡lárgate por un buen rato!
seré día y seré noche. ¿Por?
¿Qué he de hacer si alguna vez
no has de salir por la mañana?
No quiero pasar un día sin despertarme.