Alejandro Figueroa
Poeta recién llegado
I
Martillando en mi cabeza etérea
como luz de fondo avanzando torcida
la mueca señala que la llama
es lengua que quema pero aplaude,
los pies hervidos en salmuera sudan
por los tres puntos en mi costado
que son mis ojos cuando se alzan
al saludo bastardo del idiota inmutable.
II
Desde el río un círculo rojo profundo
abre la voz casi tenue de ectoplasma,
las cartas tendidas en el cordel
donde la casa quedaba atravesada
son un prisma como fotografías viejas,
Desde el vuelo castigado con ortigas,
violeta y azules en mis manos crispadas
bajan aquel retrato con siluetas del crisol.
III
La playa de las risas choca en mis pies,
describe la fuerza del astro eterno
desde el comienzo hasta el fin sin fin
de las lucecitas que rebotan su perfume,
naranjas manchan de jugo el fondo
y parecen típicos colores que destilan
del muro de cristal pálido a la vasija fiel
cuando lo incontrolable es gesto de fuego.
Martillando en mi cabeza etérea
como luz de fondo avanzando torcida
la mueca señala que la llama
es lengua que quema pero aplaude,
los pies hervidos en salmuera sudan
por los tres puntos en mi costado
que son mis ojos cuando se alzan
al saludo bastardo del idiota inmutable.
II
Desde el río un círculo rojo profundo
abre la voz casi tenue de ectoplasma,
las cartas tendidas en el cordel
donde la casa quedaba atravesada
son un prisma como fotografías viejas,
Desde el vuelo castigado con ortigas,
violeta y azules en mis manos crispadas
bajan aquel retrato con siluetas del crisol.
III
La playa de las risas choca en mis pies,
describe la fuerza del astro eterno
desde el comienzo hasta el fin sin fin
de las lucecitas que rebotan su perfume,
naranjas manchan de jugo el fondo
y parecen típicos colores que destilan
del muro de cristal pálido a la vasija fiel
cuando lo incontrolable es gesto de fuego.
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