Eduardo Bretón
Poeta recién llegado
A veces no hay otro camino que la soledad. Esa soledad ciega que nos encomienda la matanza de tantas razones, esa soledad sola y terca y mustia que te lleva y me lleva por senderos impensables y laberintos imperecederos. Tanta soledad, tanta. Tanta sola soledad y sola compañía, tanta sola dicha y lujuria y desgana y melancolía. Tanta soledad maldita que nos maldice o nos sueña como un paréntesis en el porvenir.
A veces solo hay un camino que es la soledad, una soledad siniestra y diestra en el fatídico encuentro con uno mismo, es decir, la soledad de uno mismo. Te sientes solo como te sientes una mano o como te sientes un algo, una razón ignorada, un estruendo en la soledad obtusa que es la vida. Esa vida tan sola en la que solo somos un recuerdo. Sola, sola soledad. Sola soledad inmaculada y cristalina y verdadera y necesidad austera. Sola soledad que te mueres de tanto estar irremediablemente sola. Sola soledad incierta y creativa y pasajera del tiempo, sola soledad inmemorial y filosófica. Sola soledad, infinitamente sola y sola y sola . simplemente, inútilmente sola. Sola soledad, sola soledad, solo yo... solo yo.
A veces solo hay un camino que es la soledad, una soledad siniestra y diestra en el fatídico encuentro con uno mismo, es decir, la soledad de uno mismo. Te sientes solo como te sientes una mano o como te sientes un algo, una razón ignorada, un estruendo en la soledad obtusa que es la vida. Esa vida tan sola en la que solo somos un recuerdo. Sola, sola soledad. Sola soledad inmaculada y cristalina y verdadera y necesidad austera. Sola soledad que te mueres de tanto estar irremediablemente sola. Sola soledad incierta y creativa y pasajera del tiempo, sola soledad inmemorial y filosófica. Sola soledad, infinitamente sola y sola y sola . simplemente, inútilmente sola. Sola soledad, sola soledad, solo yo... solo yo.