Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Soledad, luz oscura, siniestra, espesa...
aquí estas mujer, en mis ojos te reflejas!
En mi desolación inmersa tu alma espejas
mi desaparición, mi ruina y mi pobreza.
En mi hogar, tu frialdad empolva a las sombras:
miedos, sinsabores, espectros de la hiedra...
Y en estos negros evos tu trono de piedra,
has destrozado las vidas que en mi fe nombras!
Soledad inmensa en la gélida amargura,
en cada rincón tu adversa presencia queda.
Y no hay deidad, ni verbo, que en mi vida pueda,
arrancarme del pecho esta horrenda locura!
Una materia dejas entre los amados:
una existencia amarga, estéril y funesta;
un grito herido y una lágrima que cuesta
remontar estigmas que sangran los hados...
Soledad que escribes versos en mi tristeza,
y que flotando las horas te tornas ellas...
Pronto volaré de tu mano a las estrellas:
pronto ya nos, fantasmas sin naturaleza.
aquí estas mujer, en mis ojos te reflejas!
En mi desolación inmersa tu alma espejas
mi desaparición, mi ruina y mi pobreza.
En mi hogar, tu frialdad empolva a las sombras:
miedos, sinsabores, espectros de la hiedra...
Y en estos negros evos tu trono de piedra,
has destrozado las vidas que en mi fe nombras!
Soledad inmensa en la gélida amargura,
en cada rincón tu adversa presencia queda.
Y no hay deidad, ni verbo, que en mi vida pueda,
arrancarme del pecho esta horrenda locura!
Una materia dejas entre los amados:
una existencia amarga, estéril y funesta;
un grito herido y una lágrima que cuesta
remontar estigmas que sangran los hados...
Soledad que escribes versos en mi tristeza,
y que flotando las horas te tornas ellas...
Pronto volaré de tu mano a las estrellas:
pronto ya nos, fantasmas sin naturaleza.