Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tomo su mano, y su piel es negra,
y tibia, y soberana, y esbelta.
Ella toma mi alma y ahora somos una:
una sola luz alumbra...soledad.
Y siendo ella el sol de mis caminos,
sus pasos alados me llevan más...
no son sus labios de este mundo,
que me hablan en el viento sin hablar!
Sola ella en mi efímera caricia,
helénica mitad de mi existir...
Sólo yo en esta choza maldita,
entre tantos, sola ella esta en mi.
Y en mi entorno solos los unos y los otros,
que aunque juntos, todos solos,
parecen ser uno en esta desgracia:
en estas cuatro paredes humanas!
Soledad, creces en mi entraña,
día a día solos tu y yo en esta estancia,
rota de tardes y mañanas...
y en el pecho el corazón infarta...estalla!
y tibia, y soberana, y esbelta.
Ella toma mi alma y ahora somos una:
una sola luz alumbra...soledad.
Y siendo ella el sol de mis caminos,
sus pasos alados me llevan más...
no son sus labios de este mundo,
que me hablan en el viento sin hablar!
Sola ella en mi efímera caricia,
helénica mitad de mi existir...
Sólo yo en esta choza maldita,
entre tantos, sola ella esta en mi.
Y en mi entorno solos los unos y los otros,
que aunque juntos, todos solos,
parecen ser uno en esta desgracia:
en estas cuatro paredes humanas!
Soledad, creces en mi entraña,
día a día solos tu y yo en esta estancia,
rota de tardes y mañanas...
y en el pecho el corazón infarta...estalla!