Manuel Bast
Poeta que considera el portal su segunda casa
Soledad, ya eres parte de mi vida,
no prescindas de mí; dame consuelo,
es tan hondo el pesar que solo anhelo
tu presencia, tu luz y mi partida.
Mi guitarra que otrora fue fornida
yace inerte tendida sobre el suelo,
no acompañan sus notas mi desvelo,
la alborada de ayer fue consumida.
Solo a ti soledad quiero tenerte,
dale notas de paz a mi guitarra
y al tormento infeliz que me desgarra.
Ya no sé qué hacer por retenerte,
quizás sea mejor hallar la muerte
en la triste prisión de mi cegarra.
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