Antonio del Olmo
Poeta que considera el portal su segunda casa
SOLEDAD
Relato de desamor
Relato de desamor
Sintió un gran vacío la primera noche que pasó sola después del divorcio, cuando rompió siete años de convivencia, aunque la compañía de su pareja resaltaba su soledad en los últimos años. Los dos se habían cansado de convivir, aunque no había iniciado relaciones con otra pareja. La separación no resulto dolorosa porque los dos compartían el desamor, perdieron el amor poco apoco, sin darse cuenta, igual que salen las canas y las arrugas con el paso del tiempo.
Aquella noche no podía conciliar el sueño. Pensó en los momentos felices que habían pasado juntos: la primera sonrisa, el primer beso, las primeras caricias… cuando el tiempo no existía para ellos. Después recordó la conversación que había tenido ese mismo día con una amiga que se había divorciado recientemente y se quejaba amargamente:
— Él se ha separado de mí para vivir con mi mejor amiga.
Entonces pensó en una idea muy consoladora para su amiga y contestó:
— Es peor lo nuestro, mucho peor. Nos hemos separado para estar solos. Yo hubiera preferido que me dejase para vivir con otra persona que le diese la felicidad que no ha conseguido conmigo, pero me ha cambiado por el vacío.
La ideo resulto poco consoladora a su amiga. Sonrió con tristeza y contestó llorando:
— Triste consuelo me das, amiga, porque le sigo queriendo, pese a todo, y volvería con él ahora mismo.
— ¡Ay! Las dos nos sentimos mal por motivos diferentes. Pero tenemos que rehacer nuestras vidas — replicó suspirando. Te invito a tomar un chocolate con churos para endulzar la vida.
El recuerdo terminó y volvió a su triste realidad: seguía tumbada en la cama, sin poder dormir. La oscuridad de su dormitorio le recordó el vacío del desamor, algo parecido a la muerte. Sintió miedo, como cuando era niña, aunque parecía ridículo, pero no quería encender la luz para no desvelarse. Se le ocurrió una idea graciosa: buscaría en el desván el muñeco luminoso, un osito panda, que le ponían sus padres en la mesilla de su dormitorio para que durmiese tranquila cuando era niña. La idea no resulto tan pueril en ese momento.
Se rio sin querer cuando cambió la pila al muñeco y encendió su luz. Pensó que no están cuerdos los que se ríen solos, pero no está mal visto llorar solo. Esta idea humedeció sus ojos durante unos segundos.
Poco después se durmió tranquila mirando al osito luminoso. La despertó el primer rayo de sol que entró por la ventana. Entonces se encontró mejor, parecía que la luz del día aclaraba también sus ideas. Abrió la ventana y se asomó. El viento fresco de la mañana se llevó sus pensamientos más oscuros. En ese momento decidió cerrar ese capítulo de su vida y abrir el siguiente.
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