SONRISA
Poeta adicto al portal
¡Oh, soledad!
Te entallas a mi carne como piel viva
y calmas tu sed, en mi nostalgia.
Al albor de las horas alquiladas
te escabulles bajo un dosel de murmullos secos,
siempre rondas mis encajes
cuando el telón desciende sobre las avenidas
cerrando la función
y es ahí,
cuando percibo tu aliento en mis mejillas
y me entrego ante tu impasible beso.
¡Soledad!
¡Soledad!
Amada amiga,
te miro con ojos libres de cuencas
desde las profundas tribulaciones
que me cuela la humanidad,
dejando arenisca atribulada
entre los párpados fatigados
por falaces maquillajes.
_Oh, sí, nos reímos de esta locura_
Aunque te escondo de mí
hueles mis plantas de mujer tierra
y te acunas en el vértice
donde reside mi espíritu,
lamiendo los pies de mis horas
y luego
me escondes de ti
siempre que arriban los preñados besos
con salivas de _te amos_
al bostezo de la noche.
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