Nicuquiki
Poeta recién llegado
Ese regalo sin espera , que a todo niño encanta ,
con alegría y muchas ansias lo desenvuelve,
sin siquiera saber lo que dentro lleva,
cuando lo tiene enfrente, su mundo cesa.
Tu mi regalo inesperado tal sorpresa llegaste,
sutilmente te metiste en mi corazón,
con tus garras lo abriste , entraste y lo curaste con amor,
tu alma podrida se adueño de mis sentidos.
Fui víctima de esa fatal enfermedad,
sin cura, sin síntomas, sin estudiar,
tú, mi amado compañero,
me llenaste de frialdad.
Inventaste una quimérica realidad ,
donde yo era la luz del sol,
cavando mi tumba solía ser feliz,
como un cuerpo inerte me hacías vivir.
Tus gusanos se movían por mi cuerpo ,
carcomían mis sentimientos,
distorsionaban la realidad,
se instalaban en mi alma.
Poco a poco se comenzó a congelar,
como la nieve solía estar,
mis movimientos cada vez más lentos eran,
sentía al viento pasar .
Los árboles escuchaban mis gritos de desesperación,
gritos ahogados por tu mano sobre mi boca,
los búhos veían en mis ojos la realidad,
ojos cegados por tu fina ceda incolora.
Cada ves los latidos se aceleraban más ,
su sonido era deprimente,
se escuchaban como 20 caballos trotando dentro de mi ,
caballos sin domar , en libertad.
Cada vez más y más fuerte,
más y más rápido ,
y nada más,
solo negro se veía.
con alegría y muchas ansias lo desenvuelve,
sin siquiera saber lo que dentro lleva,
cuando lo tiene enfrente, su mundo cesa.
Tu mi regalo inesperado tal sorpresa llegaste,
sutilmente te metiste en mi corazón,
con tus garras lo abriste , entraste y lo curaste con amor,
tu alma podrida se adueño de mis sentidos.
Fui víctima de esa fatal enfermedad,
sin cura, sin síntomas, sin estudiar,
tú, mi amado compañero,
me llenaste de frialdad.
Inventaste una quimérica realidad ,
donde yo era la luz del sol,
cavando mi tumba solía ser feliz,
como un cuerpo inerte me hacías vivir.
Tus gusanos se movían por mi cuerpo ,
carcomían mis sentimientos,
distorsionaban la realidad,
se instalaban en mi alma.
Poco a poco se comenzó a congelar,
como la nieve solía estar,
mis movimientos cada vez más lentos eran,
sentía al viento pasar .
Los árboles escuchaban mis gritos de desesperación,
gritos ahogados por tu mano sobre mi boca,
los búhos veían en mis ojos la realidad,
ojos cegados por tu fina ceda incolora.
Cada ves los latidos se aceleraban más ,
su sonido era deprimente,
se escuchaban como 20 caballos trotando dentro de mi ,
caballos sin domar , en libertad.
Cada vez más y más fuerte,
más y más rápido ,
y nada más,
solo negro se veía.
Última edición: