Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
La soledad es una impostora
de sonrisa truculenta y torcida,
de lúgubre mirada hipnotizada,
hiedra acunándote entre sus ramas.
Se retrepa el corazón en hojarasca
despojado ya de toda esperanza,
mudado en vástago más del tronco
carcomido y ulcerado que la sustenta.
Conversas con sus silencios,
arrellanada en el vacío rotundo
de su boca embozada en llanto,
y te acostumbras a su presencia.
Soledad pintando tu sombra
con ceniza calcinada de sueños
Ella sopla y en tus ojos se afilan
el descuento del latir de las horas.
Amiga o enemiga
tú no decides, ¡vida!
De sus idas y venidas,
¡nunca serás dueña!