Rosario Noguera Orra
Poeta recién llegado
Solemnes horas revisando,
manchando la mesa de té,
los labios juntos, presionados,
los ojos que rayan la fe,
piel seca, dedos preparados,
el ceño fruncido...¿Por qué?
El tiempo todo se ha parado,
me quedo quietita, las diez,
la hora tarde va marcando.
Ni ojos, ni dedos, ni piel...,
no siento nada, ni cansancio.
De pronto, ya rimo otra vez
y vuelven secos estos labios
que debo de dar de beber,
quizá me duelan unos callos
hinchados que tengo en los pies
de aquellas horas caminando
que, muy bien sumadas, son tres.
manchando la mesa de té,
los labios juntos, presionados,
los ojos que rayan la fe,
piel seca, dedos preparados,
el ceño fruncido...¿Por qué?
El tiempo todo se ha parado,
me quedo quietita, las diez,
la hora tarde va marcando.
Ni ojos, ni dedos, ni piel...,
no siento nada, ni cansancio.
De pronto, ya rimo otra vez
y vuelven secos estos labios
que debo de dar de beber,
quizá me duelan unos callos
hinchados que tengo en los pies
de aquellas horas caminando
que, muy bien sumadas, son tres.