Raúl Rouco
Poeta que considera el portal su segunda casa
Solitaria quietud
Formaba círculos al viento,
que bajaban por las montañas,
mientras elevándose al cielo
gotas de niebla y de agua,
acompañando los sueños
de aquellas tristes miradas,
ojos que ya no pudieron
abrirse más en su cara.
En la sombra quedó quieto,
con las arrugas marcadas,
siluetas de consuelo,
alrededor vueltas daban,
caían hojas al suelo,
el aire llevaba lágrimas,
unas eran de desconsuelo,
otras de pura farsa.
En medio, brumas nacieron
a la llegada del alba,
cercanas a él las vieron,
rascando brotes y ramas,
remolinos, de tanto vacío llenos,
por sus arrugas pasaban,
pero allí permanecía quieto
sin que nadie le llorara.
Formaba círculos al viento,
que bajaban por las montañas,
mientras elevándose al cielo
gotas de niebla y de agua,
acompañando los sueños
de aquellas tristes miradas,
ojos que ya no pudieron
abrirse más en su cara.
En la sombra quedó quieto,
con las arrugas marcadas,
siluetas de consuelo,
alrededor vueltas daban,
caían hojas al suelo,
el aire llevaba lágrimas,
unas eran de desconsuelo,
otras de pura farsa.
En medio, brumas nacieron
a la llegada del alba,
cercanas a él las vieron,
rascando brotes y ramas,
remolinos, de tanto vacío llenos,
por sus arrugas pasaban,
pero allí permanecía quieto
sin que nadie le llorara.
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