Mis brazos te buscan
en el marasmo de las noches,
en el humedal solitario
en que convertiste esta ciudad
que fue tantas veces de los dos,
en la guitarra que posa en mi rincón favorito
suplicando el paseo de mis manos
en su cuerpo inerte
sin tu inspiración para mí,
en la tienda de flores
que me ve pasar
mirando hacia la acera de enfrente,
en el parque y su alquiler de bicicletas,
en mis sueños, donde todavía dices adiós
y en mis amaneceres,
donde nada dices.
Algo le pasa a esta tarde,
que te trajo a mis letras,
yo no hubiese querido recordarte,
pero es que hasta nuestro perro
me miró, buscándote en mis ojos,
sabiéndote en mi silencio.
Ya mis amigos no preguntan por ti,
ni siquiera el banco
envía correspondencia tuya,
ésta no es ya tu pequeña esquina del universo
y éste ya no es el corazón donde habitas,
creo que tampoco lo habito yo…
en el marasmo de las noches,
en el humedal solitario
en que convertiste esta ciudad
que fue tantas veces de los dos,
en la guitarra que posa en mi rincón favorito
suplicando el paseo de mis manos
en su cuerpo inerte
sin tu inspiración para mí,
en la tienda de flores
que me ve pasar
mirando hacia la acera de enfrente,
en el parque y su alquiler de bicicletas,
en mis sueños, donde todavía dices adiós
y en mis amaneceres,
donde nada dices.
Algo le pasa a esta tarde,
que te trajo a mis letras,
yo no hubiese querido recordarte,
pero es que hasta nuestro perro
me miró, buscándote en mis ojos,
sabiéndote en mi silencio.
Ya mis amigos no preguntan por ti,
ni siquiera el banco
envía correspondencia tuya,
ésta no es ya tu pequeña esquina del universo
y éste ya no es el corazón donde habitas,
creo que tampoco lo habito yo…
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