Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
SÓLO CON ELLA.
Atardecer en Junio cerrado,
se engalana de oscuro el cielo
con desgarro de silencio,
sin palabras, va caminando,
de su lado, el poeta.
El sol ya se ha ocultado,
la brisa de una mar lejana,
mece su negra lágrima,
que sin sangre, se quedo el alma,
ahora llora en vacío.
El ocaso de la memoria lo abraza,
en requiebro de réquiem habla.
ella le calla la boca con su guadaña,
que de frío en los labios deja,
escarcha de hielo que mata la palabra.
¿Qué mira mas hondo que los ojos
de un poeta que se está muriendo?
no puede guardar el infierno
ni tanto dolor, ni este sufrimiento,
que los demonios visten lamentos.
Ni Dios tiene todas las respuestas,
que en los pórticos de la vida,
se guardan nuestras cadenas,
eslabones sueltos en desventura,
se van cayendo a los pies, cuando andas.
Y de mi sentir, enamorado y desconsolado,
se quedan mis manos y en la nada
de mis dedos ya perdió tu cabello,
de la ilusión y tu hermosa cabeza,
ya sólo , de nácar, queda una calavera.
Va caminando con ella y no se miran,
que aunque los dos se hayan deseado,
sin amor, se han estado esperando,
que los dos saben que no son enamorados,
son del destino, su final y lo entienden.
Florecerá en espinas y de las rosas,
quedara el pálido de sus colores,
que tapa con arenas movedizas,
hueco que cubrirán las flores,
el espacio, de las vidas y las tumbas.
Atardecer en Junio cerrado,
se engalana de oscuro el cielo
con desgarro de silencio,
sin palabras, va caminando,
de su lado, el poeta.
El sol ya se ha ocultado,
la brisa de una mar lejana,
mece su negra lágrima,
que sin sangre, se quedo el alma,
ahora llora en vacío.
El ocaso de la memoria lo abraza,
en requiebro de réquiem habla.
ella le calla la boca con su guadaña,
que de frío en los labios deja,
escarcha de hielo que mata la palabra.
¿Qué mira mas hondo que los ojos
de un poeta que se está muriendo?
no puede guardar el infierno
ni tanto dolor, ni este sufrimiento,
que los demonios visten lamentos.
Ni Dios tiene todas las respuestas,
que en los pórticos de la vida,
se guardan nuestras cadenas,
eslabones sueltos en desventura,
se van cayendo a los pies, cuando andas.
Y de mi sentir, enamorado y desconsolado,
se quedan mis manos y en la nada
de mis dedos ya perdió tu cabello,
de la ilusión y tu hermosa cabeza,
ya sólo , de nácar, queda una calavera.
Va caminando con ella y no se miran,
que aunque los dos se hayan deseado,
sin amor, se han estado esperando,
que los dos saben que no son enamorados,
son del destino, su final y lo entienden.
Florecerá en espinas y de las rosas,
quedara el pálido de sus colores,
que tapa con arenas movedizas,
hueco que cubrirán las flores,
el espacio, de las vidas y las tumbas.
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