Juntos...
por una ruta que nos lleva al interior de nosotros.
Un camino,
con banquinas en silencio que escucho,
blancas líneas que llegan
acentuando mis pensamientos
y del motor,
un ronquido convertido en rugido de mar,
mar que va envolviendo.
Termino la curva y la miro de reojo,
la amo de reojo,
la amo intrigado,
porque quisiera saber
por qué mundo está volando;
aunque en marcha siga este auto,
voy detenido,
en compañía de otra mujer
una mujer que no va conmigo
que por su cuenta viaja.
Esta vez,
la miro más atento,
topándome con la imagen pétrea
de la diosa, divinidad inalcanzable,
esfinge del reino ensimismado.
Y también yo
del rumbo me pierdo,
como se pierde sin descanso el tiempo
en el santuario
de la inmaculada inconsciencia.
por una ruta que nos lleva al interior de nosotros.
Un camino,
con banquinas en silencio que escucho,
blancas líneas que llegan
acentuando mis pensamientos
y del motor,
un ronquido convertido en rugido de mar,
mar que va envolviendo.
Termino la curva y la miro de reojo,
la amo de reojo,
la amo intrigado,
porque quisiera saber
por qué mundo está volando;
aunque en marcha siga este auto,
voy detenido,
en compañía de otra mujer
una mujer que no va conmigo
que por su cuenta viaja.
Esta vez,
la miro más atento,
topándome con la imagen pétrea
de la diosa, divinidad inalcanzable,
esfinge del reino ensimismado.
Y también yo
del rumbo me pierdo,
como se pierde sin descanso el tiempo
en el santuario
de la inmaculada inconsciencia.