Solo deseos

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Por la cara encarnada

resbalan las lagrimas

de tu callado dolor

y la desesperanza.


Entre las piedrecitas

tus manos se han dañado,

y cuatro gotas rojas

en el suelo descansan.


¡Quién pudiera librarte

de caídas y penas!.

¡Quién pudiera llevarte

todo el tiempo en volandas!.


Mi corazón herido

con el recuerdo sangra,

y tú, mi niña buena,

creces cuando te mancas.
 
Tierno y sentido poema para la niña que se hiere con las piedras, casi mejor iría en infantiles, amor de madre.

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