Por la cara encarnada
resbalan las lagrimas
de tu callado dolor
y la desesperanza.
Entre las piedrecitas
tus manos se han dañado,
y cuatro gotas rojas
en el suelo descansan.
¡Quién pudiera librarte
de caídas y penas!.
¡Quién pudiera llevarte
todo el tiempo en volandas!.
Mi corazón herido
con el recuerdo sangra,
y tú, mi niña buena,
creces cuando te mancas.
resbalan las lagrimas
de tu callado dolor
y la desesperanza.
Entre las piedrecitas
tus manos se han dañado,
y cuatro gotas rojas
en el suelo descansan.
¡Quién pudiera librarte
de caídas y penas!.
¡Quién pudiera llevarte
todo el tiempo en volandas!.
Mi corazón herido
con el recuerdo sangra,
y tú, mi niña buena,
creces cuando te mancas.