Henry Miller
Poeta recién llegado
Solo lo que es posible decir
y nada mas,
el instante rodando,
gota de agua que pierde lo intacto
al adentrarse en la consciencia vaga,
el pensamiento vulgar,
que todo la machaca y desfigura.
Ahí, justo ahí,
donde la peregrina mente hace un malabar
y se congracia
con el espectador letrado,
con el tonto que desperdicia su vida,
coleccionista de pensamientos raídos
y mariposas muertas,
ahí esta la bifurcación,
el camino menos transitado
del que hablaba Frost.
Y es tan simple que se pierde
a plena vista,
porque ¡no!
no es el sueño de la belleza
que reciclan los poetas noveles,
no es para nada un plástica flor
que se derrumba llorando de asco
y decepción.
Es mas simple que una mosca encendida
que una caca de perro simple
y aún así tan viva,
que hace retroceder al ingenuo y al pardo
filosofo,
lechuga fresca entre las manos,
sol del sucio estanque
tan límpido por el agua
y tan ausente por el miedo.
Vengo a descubrirlo ahora,
no por mis cincuenta y cinco,
ni por los libros leídos de noche en cama,
ni por mi Santa Madre,
caída en desgracia
por su propio peso,
nada de eso,
es porque decepcionado de buscar,
me he parado un instante
a recoger una hoja recién lavada,
y caí en la cuenta,
de que la presunción marchita todo lo que toca,
que solo el canto,
canta solo,
y las palabras sobran.
y nada mas,
el instante rodando,
gota de agua que pierde lo intacto
al adentrarse en la consciencia vaga,
el pensamiento vulgar,
que todo la machaca y desfigura.
Ahí, justo ahí,
donde la peregrina mente hace un malabar
y se congracia
con el espectador letrado,
con el tonto que desperdicia su vida,
coleccionista de pensamientos raídos
y mariposas muertas,
ahí esta la bifurcación,
el camino menos transitado
del que hablaba Frost.
Y es tan simple que se pierde
a plena vista,
porque ¡no!
no es el sueño de la belleza
que reciclan los poetas noveles,
no es para nada un plástica flor
que se derrumba llorando de asco
y decepción.
Es mas simple que una mosca encendida
que una caca de perro simple
y aún así tan viva,
que hace retroceder al ingenuo y al pardo
filosofo,
lechuga fresca entre las manos,
sol del sucio estanque
tan límpido por el agua
y tan ausente por el miedo.
Vengo a descubrirlo ahora,
no por mis cincuenta y cinco,
ni por los libros leídos de noche en cama,
ni por mi Santa Madre,
caída en desgracia
por su propio peso,
nada de eso,
es porque decepcionado de buscar,
me he parado un instante
a recoger una hoja recién lavada,
y caí en la cuenta,
de que la presunción marchita todo lo que toca,
que solo el canto,
canta solo,
y las palabras sobran.
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