Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
Me impresiona del rayo el fogonazo
como a niño asustado en el colegio,
pero tu embrujo, dulce sortilegio,
me mantiene cautivo de tu abrazo.
De tu magia sentí pronto el flechazo
y se fundió en mi ser tenaz y regio,
de besarte alcancé tal privilegio
después de despertarme en tu regazo.
Mi corazón te lleva tan adentro
que por muchos milenios que pasasen
por nada cesaría de quererte.
Nuestras almas acuden a su encuentro,
como si en un feliz edén flotasen,
ajenas a la vida y a la muerte.
Me siento muy dichoso de mi suerte,
queriendo que los días siempre pasen
alumbrando este amor en que me centro.
Mientras, nuestra pasión se ve tan fuerte
que por más que los egos se enconasen
jamás se llegaría al epicentro.
Tu voz de la armonía es fiel retazo
que me entregas solícita en arpegio
muy suave y de sonido tan egregio
cual música a través de mi cedazo.
Lejos de ti, la vida en mí rechazo,
pues tu cariño es dulce florilegio
cuya ausencia convierte en sacrilegio
frustrando mi alegría de un plumazo.
como a niño asustado en el colegio,
pero tu embrujo, dulce sortilegio,
me mantiene cautivo de tu abrazo.
De tu magia sentí pronto el flechazo
y se fundió en mi ser tenaz y regio,
de besarte alcancé tal privilegio
después de despertarme en tu regazo.
Mi corazón te lleva tan adentro
que por muchos milenios que pasasen
por nada cesaría de quererte.
Nuestras almas acuden a su encuentro,
como si en un feliz edén flotasen,
ajenas a la vida y a la muerte.
Me siento muy dichoso de mi suerte,
queriendo que los días siempre pasen
alumbrando este amor en que me centro.
Mientras, nuestra pasión se ve tan fuerte
que por más que los egos se enconasen
jamás se llegaría al epicentro.
Tu voz de la armonía es fiel retazo
que me entregas solícita en arpegio
muy suave y de sonido tan egregio
cual música a través de mi cedazo.
Lejos de ti, la vida en mí rechazo,
pues tu cariño es dulce florilegio
cuya ausencia convierte en sacrilegio
frustrando mi alegría de un plumazo.
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