Monimar
Poeta recién llegado
Se deshojaban solitarias y silenciosas
todas aquellas margaritas de color café
que se bamboleaban en el alfeizar
de la ventana cerrada
[la suya]
Callaban en sin igual complicidad
todas las aves del universo
contemplativas
esperanzadoras
como queriendo creer que la posibilidad
de ver alcanzado un sueño
era algo más que vana irrealidad
[profunda, no superficial]
Altivo, vestido con sus mejores galas
embutido en su angosto y raído traje de lana
con la vieja maleta a cuestas
desgastada y mordida por las alimañas ocultas en el fondo
del placart descolorido de la vieja
[lúgubre]
habitación que otrora habitara
Marchaba
convencido que había llegado
-al fin-
la alborada predispuesta para la gran ceremonia
[esperada]
creyó que podría volar libre y feliz
visualizó con ternura sus alas
[inventadas]
y se dispuso a partir
A ese paraje prometido
de sol eterno y suaves caricias
donde todo sería posible
-incluso mentir-
porque ese lugar debía existir
así lo había esperado
durante cada segundo de soledad
-engullida-
de silencio metitabundo
de miedo amenazante
[de enrredo nauseabundo]
Se convenció
-a sí mismo-
que todo había servido de algo
las renuncias dolorosas
los gestos de oprobio meditabundo
Ese amanecer de brisa clara
emprendió por fin la marcha
sin melodías que lo acompañaran
sin sonrisas
sin miradas
sin ese beso por tanto tiempo esperado
[sin apenas decir nada]
Desgastadas las huellas por tanto tiempo encerradas
manos vacías
[de no haber hecho nada]
miró a lo lejos al horizonte
dispuso su cuerpo al vuelo
y al danzar ante lo etereo
se paralizó en medio del miedo
No volaba
solo moría
sin haber hecho
nunca jamás
-eso que tanto quería-
El así
solo
-muy solo-
moría
todas aquellas margaritas de color café
que se bamboleaban en el alfeizar
de la ventana cerrada
[la suya]
Callaban en sin igual complicidad
todas las aves del universo
contemplativas
esperanzadoras
como queriendo creer que la posibilidad
de ver alcanzado un sueño
era algo más que vana irrealidad
[profunda, no superficial]
Altivo, vestido con sus mejores galas
embutido en su angosto y raído traje de lana
con la vieja maleta a cuestas
desgastada y mordida por las alimañas ocultas en el fondo
del placart descolorido de la vieja
[lúgubre]
habitación que otrora habitara
Marchaba
convencido que había llegado
-al fin-
la alborada predispuesta para la gran ceremonia
[esperada]
creyó que podría volar libre y feliz
visualizó con ternura sus alas
[inventadas]
y se dispuso a partir
A ese paraje prometido
de sol eterno y suaves caricias
donde todo sería posible
-incluso mentir-
porque ese lugar debía existir
así lo había esperado
durante cada segundo de soledad
-engullida-
de silencio metitabundo
de miedo amenazante
[de enrredo nauseabundo]
Se convenció
-a sí mismo-
que todo había servido de algo
las renuncias dolorosas
los gestos de oprobio meditabundo
Ese amanecer de brisa clara
emprendió por fin la marcha
sin melodías que lo acompañaran
sin sonrisas
sin miradas
sin ese beso por tanto tiempo esperado
[sin apenas decir nada]
Desgastadas las huellas por tanto tiempo encerradas
manos vacías
[de no haber hecho nada]
miró a lo lejos al horizonte
dispuso su cuerpo al vuelo
y al danzar ante lo etereo
se paralizó en medio del miedo
No volaba
solo moría
sin haber hecho
nunca jamás
-eso que tanto quería-
El así
solo
-muy solo-
moría