Sólo tiempo-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo necesitaba tiempo

tiempo dormido como una sierra

acariciadora y vespertina

que tributara sus silencios acogedores.

Yo necesitaba tiempo

disperso en esa coyuntura unánime

del insecto y la cordillera reductora.

El tiempo fue en mí

fondo de un armario repuesto

taxidermia de la ambivalente clemencia

paternal. Un demonio atrofiado

por las efímeras redondeces de lo elástico.

Y en mí y con el tiempo

fueron creciendo alas abastecidas

rosas crepusculares, sombrías adecuaciones

de lo lícito y lo legítimo: aquel verbo

florido y un tanto pedante, fue sustituido

por calor de emblema y símbolo anodino.

Tras la clemencia el sol de octubre

clama ya a la orgía: ¡venid pues, a mi cosecha!
 
Yo necesitaba tiempo

tiempo dormido como una sierra

acariciadora y vespertina

que tributara sus silencios acogedores.

Yo necesitaba tiempo

disperso en esa coyuntura unánime

del insecto y la cordillera reductora.

El tiempo fue en mí

fondo de un armario repuesto

taxidermia de la ambivalente clemencia

paternal. Un demonio atrofiado

por las efímeras redondeces de lo elástico.

Y en mí y con el tiempo

fueron creciendo alas abastecidas

rosas crepusculares, sombrías adecuaciones

de lo lícito y lo legítimo: aquel verbo

florido y un tanto pedante, fue sustituido

por calor de emblema y símbolo anodino.

Tras la clemencia el sol de octubre

clama ya a la orgía: ¡venid pues, a mi cosecha!
El tiempo es necesario para todo, no obstante a veces no es suficiente, grato leerle
 
Yo necesitaba tiempo

tiempo dormido como una sierra

acariciadora y vespertina

que tributara sus silencios acogedores.

Yo necesitaba tiempo

disperso en esa coyuntura unánime

del insecto y la cordillera reductora.

El tiempo fue en mí

fondo de un armario repuesto

taxidermia de la ambivalente clemencia

paternal. Un demonio atrofiado

por las efímeras redondeces de lo elástico.

Y en mí y con el tiempo

fueron creciendo alas abastecidas

rosas crepusculares, sombrías adecuaciones

de lo lícito y lo legítimo: aquel verbo

florido y un tanto pedante, fue sustituido

por calor de emblema y símbolo anodino.

Tras la clemencia el sol de octubre

clama ya a la orgía: ¡venid pues, a mi cosecha!
Sin lugar a dudas, un magnífico poema este que nos comparte, estimado compañero. Un placer la oportunidad de su lectura.
Afectuosamente, un saludo cordial.
Salvador.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba