Ansel Arenas
Poeta que considera el portal su segunda casa
Solo, un pájaro solo…
Atrás deben quedar los viejos
estropajos de yoes imperfectos,
enfermos de malignas emociones.
Atrás, deben quedar ¡atrás!
Atrás, protervos seductores,
creadores de veredas
que llevan a ningún lado.
El camino es adelante,
progresivo en espirales
para no ver ni de reojo,
el espejismo de cielos
simulados.
Hacia adelante ¡siempre!
asciende la cuesta, sereno,
sin temores, evita caer
en el bullicio de otras bocas,
que te impidan subirla con sigilo.
Alucinante es cada estancia
de llegada y no temas;
estás muy cerca de saber
lo que eres tú,
solo, un pájaro solo,
desvistiéndose el alma
para saciar la sed que tienes,
en el sosiego del vacío,
donde corren los ríos
de luz del gran eterno.
Atrás deben quedar los viejos
estropajos de yoes imperfectos,
enfermos de malignas emociones.
Atrás, deben quedar ¡atrás!
Atrás, protervos seductores,
creadores de veredas
que llevan a ningún lado.
El camino es adelante,
progresivo en espirales
para no ver ni de reojo,
el espejismo de cielos
simulados.
Hacia adelante ¡siempre!
asciende la cuesta, sereno,
sin temores, evita caer
en el bullicio de otras bocas,
que te impidan subirla con sigilo.
Alucinante es cada estancia
de llegada y no temas;
estás muy cerca de saber
lo que eres tú,
solo, un pájaro solo,
desvistiéndose el alma
para saciar la sed que tienes,
en el sosiego del vacío,
donde corren los ríos
de luz del gran eterno.