Una tranquila tarde de otoño.
. Una pequeña calle
Hay muy poca gente transitando, alguien va a un lugar a toda prisa, personas paseando con sus mascotas
. La vieja farola iluminaba esta pequeña calle solo con un ojo, porque el otro se le apago hace muchos años. De los arcos oscuros de los edificios salio el hombre, un hombre normal y corriente: viejo abrigo, un sombrero, qué párese pertenecía a su padre.Con todo su aspecto trasmitía cansancio y preocupación. El hombre iba por la calle, con las manos metidas en los bolsillos de su abrigo, y no pensaba en nada. Al decir sinseromiente no quería pensar era demasiado cansado. Con un elegante movimiento saco del bolsillo un paquetito de tabaco Winston y el mechero, impeso a fumar y pensó:
-¡Al parecer, no todo este tan mal! El tabaco-se acabado, no importa, comprare otro paquete.
Menos mal, que ya casi se termina este largo día y me espera mi casa (si puedo llamar así mi pequeña i oscura habitación)...
I de repente, un dolor penetro su cuerpo, el dolor tan forte, paresia que le arrancaban el corazón.El hombre se paro, el segurillo se callo de su mano .
La hola gigante llena del dolor, de los imagines de la gente, de los edificios, farolas le abrazo y el hombre se callo.
El no podía moverse, el dolor le encadeno, solo sus pulmones continuaban respirando y corazón latiendo. El hombre estaba tirado en media de la calle y la gente pasaba a su alrededor como un río, sin parar Cado uno tenia sus problemas, sus cosas.
-¡socorro, socorro, socorro, por favor!- gritaba en sus pensamientos el hombre, pero nadie le escuchó, ni le miraron . Un grupo de las ancianitas, enrollados en abrigos de visón y diamantes, pararon no muy lejos de el y empezaron a gritar:
-¡Madre mía! decía una anciana! ¿Que pasa con el mundo i con la gente?
- ¡O Dios mío! lloraba otra, tanto drogadictos y borrachos, no podemos pasear tranquilos
-Antes de juzgar me, podrían ayudarme-pensó el, sin poder responder les, ni mover ni un solo músculo. Pasaban las horas, y todo este tiempo el hombre intento en sus pensamientos llamar a la gente, pedir les ayuda, pero nadie le escucho.
Superando el fuego del dolor, él intento alcanzar su teléfono, que estaba tirado muy cerco de su brazo, pero el cuerpo no quería responderle.
El hombre luchaba y luchaba, intentaba a superar este dolor infernal, que salía de su corazón y corría por todo su cuerpo. Y ¡o Dios! Por un segundo, el taco con un dedo su teléfono y los pequeños rallos de la esperanza le calentaron su cuerpo
I de repente, un chaval, se abalanzó, recogió el teléfono y se desvaneció en la noche
-¡Maldita sea! ¿Que voy a hacer?- pensó el hombre, intentando moverse para que le veían la gente, y cuando mas rápido lo hacia- menos fuerza le quedaba. Y el frío empezó a comer su cuerpo .
-YA, ESTO ES EL FIN, FIN, ¡Dios Moi! No puede ser, hay tantas cosas por hacer-era el ultimo pensamiento del hombre, antes de que la noche fría acabo con su mente.El frío que apago su menté, rabo el ultimo aliento del hombre ..
Dedicado a toda la gente que tiene gran corazón
-¡Al parecer, no todo este tan mal! El tabaco-se acabado, no importa, comprare otro paquete.
Menos mal, que ya casi se termina este largo día y me espera mi casa (si puedo llamar así mi pequeña i oscura habitación)...
I de repente, un dolor penetro su cuerpo, el dolor tan forte, paresia que le arrancaban el corazón.El hombre se paro, el segurillo se callo de su mano .
La hola gigante llena del dolor, de los imagines de la gente, de los edificios, farolas le abrazo y el hombre se callo.
El no podía moverse, el dolor le encadeno, solo sus pulmones continuaban respirando y corazón latiendo. El hombre estaba tirado en media de la calle y la gente pasaba a su alrededor como un río, sin parar Cado uno tenia sus problemas, sus cosas.
-¡socorro, socorro, socorro, por favor!- gritaba en sus pensamientos el hombre, pero nadie le escuchó, ni le miraron . Un grupo de las ancianitas, enrollados en abrigos de visón y diamantes, pararon no muy lejos de el y empezaron a gritar:
-¡Madre mía! decía una anciana! ¿Que pasa con el mundo i con la gente?
- ¡O Dios mío! lloraba otra, tanto drogadictos y borrachos, no podemos pasear tranquilos
-Antes de juzgar me, podrían ayudarme-pensó el, sin poder responder les, ni mover ni un solo músculo. Pasaban las horas, y todo este tiempo el hombre intento en sus pensamientos llamar a la gente, pedir les ayuda, pero nadie le escucho.
Superando el fuego del dolor, él intento alcanzar su teléfono, que estaba tirado muy cerco de su brazo, pero el cuerpo no quería responderle.
El hombre luchaba y luchaba, intentaba a superar este dolor infernal, que salía de su corazón y corría por todo su cuerpo. Y ¡o Dios! Por un segundo, el taco con un dedo su teléfono y los pequeños rallos de la esperanza le calentaron su cuerpo
I de repente, un chaval, se abalanzó, recogió el teléfono y se desvaneció en la noche
-¡Maldita sea! ¿Que voy a hacer?- pensó el hombre, intentando moverse para que le veían la gente, y cuando mas rápido lo hacia- menos fuerza le quedaba. Y el frío empezó a comer su cuerpo .
-YA, ESTO ES EL FIN, FIN, ¡Dios Moi! No puede ser, hay tantas cosas por hacer-era el ultimo pensamiento del hombre, antes de que la noche fría acabo con su mente.El frío que apago su menté, rabo el ultimo aliento del hombre ..
Dedicado a toda la gente que tiene gran corazón