No hubo más dolor,
sólo una lágrima
apagando al mundo,
y la vida resbalando
silenciosa.
La noche me sostuvo
hasta abrazar
tu último latido.
Se me escapaba el alma
y no lo sabía, tu mano
fría se resbaló de la mía.
Y se quedó allí,
inmóvil, como ese sueño
que nunca pudo ser.
Ana Mercedes Villalobos
Última edición: