K-rolissa
Poeta reconocido en el portal
Son los inviernos que descansan
en la pared dormida del silencio,
los que se arrancan de la piel
y un latido que se hincha.
Los astros acarician la madrugada
entre el oleaje verde de cuartos menguantes
la oscuridad es cómplice, de la locura ciega
que enciende los candiles bajo estos dedos periféricos.
El llanto tiembla sobre el horizonte
se ahoga en una hoguera de cicatrices
la sangre florece y escupe en las fauces de Cronos
seducciones de ceniza hirviendo en la intemperie.
Los ojos emigran,
crepitando desde aquellos pasos añejos
hasta el fondo de los vientos
que sondean sobre un mar de ausencias…
Ahora vengo del brazo de la muerte
las sombras me encontraron yerta,
las almohadas se tendieron pensativas
al fantasma de un llanto macerado.
¡He aquí, el violín que gime!
La mancha que jamás será borrada,
el nombre que revienta en mis pulmones…
¡He aquí, el alma desfallecida!
Extendiendo las manos a la eternidad del abismo.
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