Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi sombra va perdonando
el paso gris de mis luces negras
que se quedaron abandonados en la calle.
Logra irse mi palacio al suelo
en triste alianza con ese dedo que acusa
al paso de la ausencia.
Huye mi sombra de mí,
incluso ella puede hablar
para traicionarme
dejándome desnuda en la cama
con la misma mirada de un soñoliento bostezo
que ya sabía lo que esperar
al morir.
¡Ay sombra enemiga!
Me abandonas con pecado
desde el rayo de luz de la lampara de la calle
que entró tímido
por la cortina y la ventana
e iluminó la misma pastilla
que no me consumí.
el paso gris de mis luces negras
que se quedaron abandonados en la calle.
Logra irse mi palacio al suelo
en triste alianza con ese dedo que acusa
al paso de la ausencia.
Huye mi sombra de mí,
incluso ella puede hablar
para traicionarme
dejándome desnuda en la cama
con la misma mirada de un soñoliento bostezo
que ya sabía lo que esperar
al morir.
¡Ay sombra enemiga!
Me abandonas con pecado
desde el rayo de luz de la lampara de la calle
que entró tímido
por la cortina y la ventana
e iluminó la misma pastilla
que no me consumí.