I
Suá-ve en la noche
tu sombra me llama,
como un hilo de plata
que tiembla en el aire…
Y yo me inclino al eco
de tu silencio ardiente,
¡oh sueño mío!,
llama sin cuerpo,
voz sin destino.
II
Oh luz que apenas nace
bajo mis párpados,
sutil presencia tuya
que en mí se enciende…
¡Qué dulce fiebre,
qué aire de luna!
Tu nombre ausente
me abre los cielos
como un secreto antiguo.
III
Y yo te sigo, sombra,
te sigo en mis latidos,
como sigue la noche
el paso de una estrella…
¡Te sigo, te sigo!
Aunque no mire tu rostro,
aunque tu aliento sea sueño,
aunque seas sólo viento
que roza mi destino.
IV
En mí resuena tu forma
como una cuerda viva,
como un violín herido
por manos invisibles…
¡Ay, qué misterio!
Tu gesto, apenas un soplo,
levanta mares íntimos
que todo lo transforman.
V
Si tú vinieras…
si descendieras
desde tu reino leve…
yo callaría el mundo,
callaría el tiempo,
para oír tu palabra
brotar junto a mi alma.
VI (Gran aria final)
Porque en ti, sombra mía,
el amor se hace música,
y en mi pecho tu ausencia
se vuelve canto eterno…
¡Oh sombra que me naces!
¡Oh luz que me desdobla!
Ven a mi pecho,
sé melodía,
sé mi destino,
sé mi canción.
Suá-ve en la noche
tu sombra me llama,
como un hilo de plata
que tiembla en el aire…
Y yo me inclino al eco
de tu silencio ardiente,
¡oh sueño mío!,
llama sin cuerpo,
voz sin destino.
II
Oh luz que apenas nace
bajo mis párpados,
sutil presencia tuya
que en mí se enciende…
¡Qué dulce fiebre,
qué aire de luna!
Tu nombre ausente
me abre los cielos
como un secreto antiguo.
III
Y yo te sigo, sombra,
te sigo en mis latidos,
como sigue la noche
el paso de una estrella…
¡Te sigo, te sigo!
Aunque no mire tu rostro,
aunque tu aliento sea sueño,
aunque seas sólo viento
que roza mi destino.
IV
En mí resuena tu forma
como una cuerda viva,
como un violín herido
por manos invisibles…
¡Ay, qué misterio!
Tu gesto, apenas un soplo,
levanta mares íntimos
que todo lo transforman.
V
Si tú vinieras…
si descendieras
desde tu reino leve…
yo callaría el mundo,
callaría el tiempo,
para oír tu palabra
brotar junto a mi alma.
VI (Gran aria final)
Porque en ti, sombra mía,
el amor se hace música,
y en mi pecho tu ausencia
se vuelve canto eterno…
¡Oh sombra que me naces!
¡Oh luz que me desdobla!
Ven a mi pecho,
sé melodía,
sé mi destino,
sé mi canción.