
Sombra
Aún hay aullidos que son densos
como la niebla espesa y recia
están esos gritos lluviosos y claros,
que ninguna persona los aprecia.
No hay tranquilidad, solo heridas
y grandes dolores por cortes,
los que hacen las dagas a costillas
que sangran a puñaladas fulminantes.
Ahora es espeso de sangre el suelo
tan rojo como el tinte escarlata,
y con suciedad de un flagelo.
No puedo musitar palabra
porque el dolor es grande
y se crece la sombra.
Tan oscura que es pero fría,
silenciosa y muy mañosa
pero no sé si es la mía.
®Carlos Andrés®