armand_2183
Poeta recién llegado
Al penetrar en aquel recinto
Conduje mi cuerpo donde el altar,
Y al doblarse mis pies para rezar
El fuego en las velas casi extinto,
Avivado ya comenzó a danzar.
El rosario que por mi mano caía
Vibro al pronunciar un rezo incierto.
Callo mi voz, se erizo mi cuerpo
Y el llanto que en la noche discurría
Se esparció abarcando el firmamento.
Se elevo una voz con honda pena
En éxtasis casi delirante,
Se repitió en mi mente un instante
Y el viento frió que la noche lleva
Se volvió lejano y desafiante.
Sentí un roce casi imperceptible.
Imaginando que era el viento
Y conteniendo manso el aliento,
Gire mi rostro hacia esa cumbre
Estrujándose mi pensamiento.
La nota al instante se detuvo
Y se nublo mí vista al momento,
Y aquella voz de ronco acento
Pronuncio un sonido de murmullo
Que estremeció todo a los cimientos.
La sombra se detuvo al lado mío
Observándome con grave gesto.
Miraba su rostro tan funesto
Expresándose con gran martirio
A través de sus ojos descubiertos.
El techo de la santa iglesia
Le hizo eco a cientos de palomas.
--¡Sombra que al crepúsculo te asomas!
dime el motivo de tu presencia
por estas frías y nocturnas horas--
Su respuesta fue solo silencio
Y deslizándose se alejo.
El cielo de la noche la cubrió
Cuando le seguí contra mis deseos
Hasta un lago y en el agua se poso.
De pronto ya no había sombra alguna.
-¿Por qué?- fuerte grite y el grito hizo eco
y en el lago, en el lago su reflejo
me mostró la luz brillante de la luna
haciendo aparecer mi propio cuerpo.
La noche con toda su negrura
Provoco que el llanto me inundara,
Que ninguna otra cosa murmurara.
Pude sentir en la noche misteriosa
Dolor, y que todo ser y toda cosa
Albergan en su ser algún temor.
Conduje mi cuerpo donde el altar,
Y al doblarse mis pies para rezar
El fuego en las velas casi extinto,
Avivado ya comenzó a danzar.
El rosario que por mi mano caía
Vibro al pronunciar un rezo incierto.
Callo mi voz, se erizo mi cuerpo
Y el llanto que en la noche discurría
Se esparció abarcando el firmamento.
Se elevo una voz con honda pena
En éxtasis casi delirante,
Se repitió en mi mente un instante
Y el viento frió que la noche lleva
Se volvió lejano y desafiante.
Sentí un roce casi imperceptible.
Imaginando que era el viento
Y conteniendo manso el aliento,
Gire mi rostro hacia esa cumbre
Estrujándose mi pensamiento.
La nota al instante se detuvo
Y se nublo mí vista al momento,
Y aquella voz de ronco acento
Pronuncio un sonido de murmullo
Que estremeció todo a los cimientos.
La sombra se detuvo al lado mío
Observándome con grave gesto.
Miraba su rostro tan funesto
Expresándose con gran martirio
A través de sus ojos descubiertos.
El techo de la santa iglesia
Le hizo eco a cientos de palomas.
--¡Sombra que al crepúsculo te asomas!
dime el motivo de tu presencia
por estas frías y nocturnas horas--
Su respuesta fue solo silencio
Y deslizándose se alejo.
El cielo de la noche la cubrió
Cuando le seguí contra mis deseos
Hasta un lago y en el agua se poso.
De pronto ya no había sombra alguna.
-¿Por qué?- fuerte grite y el grito hizo eco
y en el lago, en el lago su reflejo
me mostró la luz brillante de la luna
haciendo aparecer mi propio cuerpo.
La noche con toda su negrura
Provoco que el llanto me inundara,
Que ninguna otra cosa murmurara.
Pude sentir en la noche misteriosa
Dolor, y que todo ser y toda cosa
Albergan en su ser algún temor.